viernes, 29 de enero de 2016

Privado y Común




Hace algunas semanas tuve uno de esos días. Quise salir corriendo y huir. Me cansé, me frustré, me harté, me obstiné. No es la primera vez, ¿sabes? Hay días que me da fastidio bañar a Ella. Es toda una logística. Hay días que no tengo ganas de pelear con ella para que coma. Hay días en los que su discapacidad me pega más que otros. Hay días en los que me duele full la espalda. Hay días en los que no me quiero parar de la cama, porque no quiero, pues. Hay días en los que no sé cómo lidiar con su no sé qué. Mi procesión interna es lo que te relato. Es algo tan privado y a la vez tan común.

Esos días los vivo cada cierto tiempo. Generalmente para superarlos hago tres cosas:

  1. No siento culpa. No acepto jamás que nadie me acuse por sentirme mal. Nadie tiene derecho a señalarme por cansarme de atender a una bebé por casi 5 años. Es agotador tanto como lo es trabajar a 4 municipios de tu residencia. Es tan o más agotador como hacer colas para comprar comida. Cuidar a un niño especial con movilidad reducida y retardo mental es sumamente extenuante. El cansancio no es sólo físico, también es emocional. Además, el malestar es pasajero, como un resfriado que agarras de vez en cuando. Si alguna vez te pasa, piensa en eso. Tienes un montón de puntos a tu favor, y a veces son necesarios esos momentos de vulnerabilidad. Así que nada de culpa.                                                                                            
  2. Busco hacer catarsis. Necesito sentarme a llorar y hablar con mi Jesús acerca de cómo estoy. A veces no hablo, sólo canto. En algunas ocasiones lo comento con mi esposo o mi mamá. Lo importante es no quedarme con el asunto y drenarlo de la manera más saludable posible. Como no me siento culpable, me preocupa muy poco que alguien me califique de mala madre, o desagradecida. El principio de esto es sacar de mi sistema lo que me perturba. Incluso lo comento con la misma Ella. Eso sí, no me permito abrazar el asunto;  una vez que lo saqué, salió, y allí quedó. Se limpia el sangrero, se seca la herida y a lo tercero.                                      
  3. Agarro un nuevo impulso. Ya te conté que en este negocio no hay lugar para rendirse. Si tiras la toalla es porque vas a coger otra. Esos días vienen y también se van. Me seco las lágrimas y pa’lante. Es como un lunes en la mañana. El domingo en la noche andas depre porque empieza la semana y su locura, pero el lunes te toca espabilarte, y no hay de otra. Por eso es importante la catarsis, porque te desprendes del peso que no te deja avanzar. Ya te lo he dicho, y te lo vuelvo a repetir: esto es como la mafia, si entras no sales. El nuevo impulso debe ir cargado ánimo y entusiasmo.


Así que, esta lucha que te conté es parte del limón. Esos días vienen, pero también se van. Y estos tres pasos que te enumero son los que veo en mi nena. Hay días en que Ella está más que harta de su condición. Lo veo en sus ojos, en su irritación, en su tristeza. Siempre ese estado es pasajero. Luego que llora y drena, duerme y se relaja un poco, veo cómo renace en ella esa motivación por luchar contra viento y marea. No hay lesión cerebral que la detenga. No hay malestar que se instale. Ella lo supera. Es privado, pero es común. Es tan humano y desagradable como nuestras secreciones. Y disculpa lo escatológico de mi ejemplo, pero creo que con esta imagen te hago entender que esos sentimientos no son malos, son naturales. Echa mano de tu papelón y endulza el asunto. Recuerda que aunque es privado, toda una comunidad lo atraviesa.                                   

Recuerda: drena sin culpa y agarra un nuevo impulso. Seguimos haciendo papelón con limón.

viernes, 22 de enero de 2016

Año ¿nuevo?

Quiero empezar disculpándome contigo. He estado sin internet y se me ha hacho cuesta arriba subir mis publicaciones. Ahora sí, ¡Feliz Año! Espero que lo hayas recibido cheverísmo. Yo, por mi parte, la pasé muy bien, gracias a Dios, en mi casita con los míos. Aunque no soy proclive a celebrar nada, excepto cumpleaños y aniversarios, cada 31 de diciembre me gusta agradecer a Dios con lujo de detalles las cosas del año que termina, y proyectarme al que empieza con esperanzas de algo mejor.

Así que estuve pensando acerca de la expresión: “Feliz año nuevo”. Es verdad, el año es nuevo, pero el 1 de enero a las 12:05 m soy la misma persona que era el 31 de diciembre a las 11:55 pm. ¿Qué hace nuevo un año? ¿Qué garantiza que haya cosas nuevas? En tan pocos días del año ya hay una nueva Asamblea Nacional, y mientras escribo están creando nuevos ministerios, como el Ministerio del Poder Popular para los Sobres Manila, además, un famoso alimento infantil que compraba en 300 Bs hace unos días, ahora cuesta 800 Bs. Pero no estoy hablando de esas “novedades”. La verdad es que no habrá cosas significativamente nuevas en mi vida a no ser que yo me renueve.

Renovarse implica dejar lo viejo. También implica abrir la mente a lo fresco, a lo que no se ha usado, a lo que es diferente. Estoy convencida que a medida que nos hacemos mayores, nos apegamos más a nuestras visiones y maneras de hacer las cosas. Ella, por ejemplo, es una niña con una rutina bastante predecible, y nuestra vida generalmente gira en función a esto. Sin embrago, desde hace unos días, nos ha hecho saber de diferentes maneras que las cosas deben cambiar, porque el cansancio de la rutina sólo hace que tengamos una vida insípida y aburrida. También nos ha hecho dar cuenta que hay necesidades específicas que no deben seguir ignorándose.

Por eso es que te digo que los hijos especiales no son cruces que el destino nos obliga a llevar. Quien dice eso no tiene un hijo especial, y si lo tiene, no ha entendido de qué se trata este tipo de paternidad. Aunque mi hija no ha dado enormes pasos de un tiempo a esta parte, puedo decirte con toda certeza que las cosas nuevas que se aprecian no son siempre los “logros” que los demás esperan. A veces el logro no es de Ella, es mío, pero fue ella quien lo generó, así que igual es Ella quien se lleva el crédito. No todos se dan cuenta, pero eso no importa.

Este año no será nuevo por los factores externos. Será nuevo porque decidamos ser nuevos nosotros. Para que este año sea nuevo, debemos emprender nuevos retos, asumir nuevas actitudes, hacer nuevos amigos, restaurar relaciones rotas, reorganizar nuestras prioridades, reanimar nuestras áreas moribundas, desempolvar sueños guardados, sustituir hábitos dañinos por saludables. Y todo eso ocurre primero en nuestro interior. Allí está el centro de la mitad del medio.


Hacer papelón con limón requiere renovar el corazón. No hay manera de hacer un buen guarapo de estos con un papelón chimbo y viejo. De manera que si quieres que este año de verdad sea nuevo, a desechar lo viejo e inservible. ¡Feliz año 2016!


viernes, 18 de diciembre de 2015

Perfecto para Mí




Un día como hoy, hace 7 años, me casé con el papá de Ella. Habíamos sido amigos por años, novios por unos meses. Cuando nos casamos no éramos tan chamos, ambos nos habíamos graduado de la universidad e incluso él ya estaba terminando un posgrado. Siempre he sido clara contigo y te he hecho saber que no soy un pan. Él, por otra parte, también tiene su lado oscuro. Nuestro matrimonio ha sufrido sacudones a lo largo de los años, como todos. La situación de Ella se ha convertido en una gran prueba de fuego, pero ese fuego nos ha fusionado.

Como también te he dicho en otras ocasiones, los padres especiales no somos sólo eso. Nosotros, como todos los esposos tenemos diferencias por cosas típicas, y nos enfrentamos a los retos cotidianos de toda pareja venezolana. Si nos ponemos a pensar, la convivencia no es fácil, y mucho menos con alguien de otra familia, otra cultura y otra manera de ver la vida. Mi esposo, por ejemplo, es hijo de extranjeros, y aunque Colombia no queda en otro continente, te juro que a veces me dice cosas que yo no entiendo en absoluto. Con el tiempo he aprendido los códigos, pero no siempre es fácil.

El hecho es que con el pasar de los años he entendido que el amor no es un sentimiento. ¿Sabías? Amar a tu cónyuge es una decisión cotidiana. El enamoramiento es una etapa que pasa, de allí vamos a lo que Gary Champan llama amor maduro. Ese amor va más allá del cosquilleo, o de lo lindo que se ve tu príncipe al tocar un instrumento musical. En esa perspectiva quiero darte tres razones (claro que hay muchas más) por las que amo a mi esposo:

  1. Tiene un corazón sencillo. Mi esposo no es un hombre pretencioso o jactancioso. Detrás de lo que muchos malinterpretan como timidez, hay alguien que no desea impresionar, aparentar o llamar la atención. Él es quien es, sin disfraz. No diré que jamás, pero realmente no recuerdo haberle escuchado mentir para hacer creer que es o tiene algo que no. En su sencillez hay una alta capacidad para aprender (siempre), porque tiene un espíritu inquisitivo y una soberbia en mínimos niveles. Es excelente oyente, aunque no tiene muy buena memoria. Es genuino y sincero. Algunas personas insisten en hacerle creer poco atractivo, pero esta cualidad ha hecho de mi esposo el hombre más bello que existe en la tierra; por lo menos para mí es así. Su sencillez le hace brillar en donde esté.                                                                                             
  2. Ama a nuestros hijos con locura. No sólo lo demuestra saliendo a diario a ganarse el pan. Mi esposo se toma tiempo con cada uno de los niños para cargarlos, jugar con ellos, y entregarse. Él sabe alimentarlos, les ha cambiado pañales, los baña, y los conoce. En el caso de Ella, es él quien la atiende cada noche religiosamente: baño, medicina, cena. Él se ha tomado la tarea de buena gana. Le encanta atenderlos, y esa atención es amor. Una mujer que ve que su esposo ama a sus hijos, no puede desestimar tal regalo. En una sociedad de hombres infantiles, mi esposo se ha unido a aquellos que se hacen responsables porque entiende que el aporte económico no es necesariamente sinónimo de crianza.                                                                   
  3. Me ama a pesar de mi. Ya te he dicho que soy voluntariosa, exigente y perfeccionista. Mi esposo por su parte tiene un temperamento flemático, lo que lo hace propenso a estar relajado y tomarse las cosas con calma. A diario lucho con mi ego para ser la esposa de espíritu afable que enseña el Apóstol Pedro en una de sus cartas. Pero aún cuando no lo logro, él me sigue amando. Él se la cala, me aguanta, me deja llorar en su hombro, me ayuda a levantarme, me hace contar hasta 10 (o hasta 100) en medio de la ofuscación, me perdona, me abre los ojos a verdades espirituales, me motiva. Este blog es muestra de ello. Mi esposo sabe quién soy, y aquí está. Ya han pasado muchas lunas desde que nos casamos y no tengo duda que pasarán muchas más, hasta que el Señor así lo disponga.
Así que, no quería dejar pasar esta oportunidad para homenajear a mi esposo. El hombre que me robó el corazón, el compañero perfecto para este camino. Estoy inmensamente agradecida a Dios por su vida. Él es muestra de la bondad Providencial para mí. Ha sido él el instrumento para hallar papelón a mi vida limonada.                                                                                                                                                                                                                                                                   
R: Te amo, y cada día más estoy convencida de que eres el hombre perfecto para mi.




viernes, 11 de diciembre de 2015

Fuera de Control

Soy una persona de temperamento colérico. Los coléricos somos líderes natos, orientados al logro y controladores. Aparte de eso, soy mujer. Además, soy metódica: hago listas, cronogramas, cuadros, esquemas, vivo pendiente del calendario y la hora. Todo eso es una espada de doble filo. En muchas ocasiones me favorece, en otras, esos aspectos se confabulan en mi contra, y…bueno, me perjudican, y perjudico a otros. Siempre busco ser honesta contigo, porque este no es un espacio para decirte: “Mi vida es perfecta, búscate una igual y verás qué bien te irá”. Estoy en una constante lucha en las que a veces, las cosas que están fuera de mi control me hagan salir de control, valga la redundancia.


Hace algunos días enfrenté una crisis de salud con Ella. Impresionantemente me mantuve en la línea de cordura, y aunque el asunto era aparentemente serio, decidí no volverme loca, dar mis pasos certeros y mantener mi mente alineada a un pensamiento al que recurro en muchas ocasiones: Esto también pasará. Lo que he aprendido acerca de las reacciones humanas es que están regidas por los pensamientos. Y te digo algo, en mi mente y corazón está la plena convicción que Dios está al control de la vida de  mi hija, que Él la ama y que ni un cabello de su cabeza caerá sin su aprobación. No quiere decir eso que no me preocupe en ocasiones, pero he desarrollado la capacidad para ensordecer temores que a diario gritan a mis oídos.

Es que empecé a entender que las cosas salen de mi control con Ella. ¿Qué más incontrolable que una crisis convulsiva? Mi hija pasaba épocas en las que el sueño se le trastornaba por completo, de manera que la noche era el día y el día también era el día, inapetencia, reflujo, estreñimiento, fobias extrañas, llantos a los que no se le hallan causa, etc. Eso es entrenamiento, mi pana. Pero eso no quiere decir que siempre gano. Eso sólo significa que ya hay cosas que no me alteran, así que simplemente le doy la vuelta y pa’ lante. Sin embargo, no siempre ocurre así. Hay días que mis hijos no se llevan la cuota de mi descontrol, pero sí mi esposo, o la cajera del supermercado, o la operadora del Banco X que llama cobrándole a alguien que ya no vive aquí (a pesar de haber dicho miles de veces que se mudó). Esto es una guerra, y se gana de batalla en batalla.




Te voy a decir qué es lo más importante de esto: llegar al punto en el que entendamos que alterarse por cosas que están fuera de nuestro control es tan inútil como echarle aceite al agua de la pasta, no cambia los resultados. Después de eso, toca la ardua tarea de darle aplicación universal. En ese proceso ando yo, como te acabo de comentar. Mientras tanto, continúo esforzándome para logarlo. No se me hace siempre fácil. Pero entiendo que si quiero que el mundo sea mejor para Ella y su hermanito, la primera en ser mejor debo ser yo. La labor más pelúa de esta vida limonada es echarle papelón, y quiero que recuerdes que en eso no estás solo. Somos un club. 

viernes, 27 de noviembre de 2015

Milla Extra: MODO ON


Uno de los retos de la vida en comunidad es el manejo del “otro” y sus necesidades en función de las propias. Somos naturalmente egoístas, pero hago la salvedad que los hombres sufren más de esto que las mujeres. Y no se preocupen, no creo en cosas como la supremacía femenina o la inutilidad masculina. Todos esos conceptos hoy nos dañan, porque simplemente desprestigian el Diseño Divino en la Creación. El hecho es que estamos en unos tiempos en los que los niveles de maldad se han elevado a extremos impensables. La verdad es que hay mucha gente mala, ¿verdad?

Entonces me veo en el espejo. Soy una mamá especial (eso define mucho lo que soy hoy día), pero considero que no por ello estoy exenta de ser víctima de mi propio podrido corazón humano, propenso a actitudes viles, que sólo beneficien mi vida y mi lado. Pues, sí.  Soy honesta contigo. No premedito aplicar la ley del embudo, pero está en mi pecaminosa naturaleza hacerlo. Y más cuando es la onda externa. Resolver por lo propio es lo IN en estos días, y en este país en el que hasta las cosas más básicas se consiguen tras una titánica tarea, si no lo haces así, no lo tienes (así dicen, y lamentablemente, a veces es así).

Sin embargo, mi Biblia, parte de mi torrente sanguíneo desde mi niñez, dice tantas cosas distintas. Y para mí es imposible ignorar el asunto. Escucha lo que dice Jesús: “ Si alguien te pide que le cargues algo una cuadra, cárgaselo dos”, “El que quiera ser el chivo gordo, deberá ser el peluche de todos”. ¿Qué-es-eso?. Para remate, sale el Apóstol Pablo y dice: “No busquen solo su propio bien, sino también el de otros”. Me dan como ganas de explicarles que ellos no vivieron en la Venezuela de hoy, y por lo tanto están hablando utopías. No obstante, muchos otros después de ellos concordaron con estas ideas: Francisco de Asís, la Madre Teresa de Calcuta, Ghandi, etc.

De manera que entendí que no tengo de otra. Si quiero vivir bien, deberé amar a mi prójimo como a mí misma; eso implica procurar su bien, ser solidaria, caminar por otro la milla extra. Al respecto, creo que hay tres aspectos a considerar para ello:

  1. Me pongo en una posición susceptible. He ayudado a gente que luego me embroma ¿Te ha pasado? Pues la respuesta natural es que se te quiten las ganas de hacer algo por el otro. Es lógico. Pero, la verdad es que ser humanos nos hace vulnerables a ser heridos. Y aunque a veces la herida no tenga proporciones catastróficas, cae mal que queriendo hacer el bien, salga uno con las tablas en la cabeza. Ante eso, pienso que nos toca asumir el riesgo. ¿Me van a embromar otra vez? Quizá. Pero no todos lo harán. Hay que darle un voto de confianza a la humanidad. Recuerda que este mundo se lo estamos dejando a nuestros hijos.                                                          
                              
  2. La solidaridad no es etérea. La solidaridad se muestra en actos concretos: le llevas la bolsa a una viejita tratando de cruzar la calle,  le sirves de apoyo a un invidente, le cedes el puesto a una mujer, das una dirección, le avisas a la señora Yajaira dónde conseguir el medicamento de la tensión, escuchas al viejito mientras haces la cola del cajero, incluso dejas que el viejito pase antes que tú, le regalas ropa a la chama que le limpia a la vecina. Es la cotidianidad la que pone a prueba nuestro carácter. No tienen que ser grandes actos, pero para quien lo haces, tiene valor. Y recuerda, que arriba hay un Dios que pa’ abajo ve. No puedes hacer todo por todos, pero siempre hay algo que puedes hacer por alguien.                                                                      
                                                                 
  3. Se cosecha de lo que se siembra. No estoy diciendo que hagas las cosas con agendas ocultas, con intereses subyacentes, ni nada por el estilo. Pero es una ley natural que lo que sembramos, eso cosechamos. Yo veo tanta bondad de Dios en mí, que no puedo si no compartir de eso que Él me da a diario. Él me da papelón para mí y para dar. Sigo dando, y sigo recibiendo. Es una ley tan verídica como la de la gravedad. No siempre cosechas en la misma tierra que siembras, no siempre se cosecha inmediatamente después de sembrar, pero cosechas.                                                

Así que, no nos ensimismemos en nuestra situación. Es posible que nosotros sobrellevemos los limones asociados a la condición de nuestro hijo, pero otros también tienen los suyos. Como padres especiales enfrentamos cosas rudas, pues con mucha más razón podemos comprender el pesar, el mal humor, la contrariedad y la frustración. Ya que tú y yo estamos haciendo papelón con limón, comparte algo de tu dulce con otros. Somos diferentes, actuemos en consecuencia, y marquemos la diferencia. Una vez que lo hacemos hábito, fluye naturalmente. Así que te propongo que a partir de hoy te hagas el firme propósito de hacer algo por alguien siempre. Hasta una sonrisa vale. Pon tu solidaridad en modo ON.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Felicidad Condicionada

Cuando era niña aprendí una canción en la iglesia que decía así:

Jonás no le hizo caso
a la Palabra de Dios
por eso al mar profundo
la gente lo tiró
Vino un pez muy grande
y  ¡plum! Se lo tragó
porque no le hizo caso
a la Palabra de Dios
Luego la corriente
muy lejos se lo llevó
a la playa de Nínive
y allí lo vomitó
Del susto que tenía
la Palabra predicó
Creyó toda la gente
y hasta el rey
se arrepintió

Naturalmente, no sólo conservé la canción en mi memoria. Se la he cantado a muchos niños, incluyendo a los míos. Sin embargo, hace unos meses, estudiando el libro de Jonás (un profeta cuyo libro está en el Antiguo Testamento de la Biblia) mi esposo y yo nos encontramos ante una abrumadora verdad:




¿Te diste cuenta? ¡No hay playa en Nínive! Tenía más de 25 años creyendo que Nínive estaba en una costa, pero en todo este tiempo no me había dado cuenta. La playa de Nínive era un FALSO CONCEPTO. No hay tal cosa como playa en Nínive. Pero yo no estoy escribiéndote hoy para hablar de Asiria o de Jonás. Quiero hablarte de algo tan falso como la playa de Nínive: la felicidad condicionada.

La felicidad condicionada es esa absurda idea que la mayoría de las personas tenemos en la cabeza y consiste en creer que al llegar a cierto punto deseado seremos felices. La trampa de ese concepto está en robarnos la alegría de la vida, desdeñando el presente, y rechazando lo que tenemos en este momento: cuando me gradúe, cuando me case, cuando tenga carro, cuando me vaya del país, cuando mi cónyuge cambie, cuando mi hijo especial camine, o hable, o alcance plena independencia. Pero la verdad es que aún llegando a esos estados deseados, siempre hallaremos algo más que esperar, y volveremos al ciclo de la desdicha.

La capacidad para ser feliz no puede depender de las circunstancias. Y es que la felicidad no es un sentimiento, es un estado. No debería estar circunscrita a mis condiciones externas, sino sobrepasarlas. Mi hija Ella me lo enseña a diario. Pero el artífice de la implementación de esa norma en mi casa fue mi amado esposo. Él me dijo un día: “Amor, necesitamos determinarnos a disfrutar a Ella siempre, no importa su circunstancia actual. Dios nos dio una hija, y su condición no puede limitar que la disfrutemos y que ella nos pueda disfrutar a nosotros. Seremos felices con ella, tal como es”

Y es que esa es la esencia de hacer papelón con limón. La vida puede ser dura, o puede ser hermosa. Todo depende de qué lado de la acera te pares. Razones para la infelicidad pueden haber muchas, pero te pido hoy que pongas en balanza las cosas y puedas abrir tu mente a un nuevo concepto: la felicidad porque sí. Consiste en que consciente  y deliberadamente decidas disfrutar la vida y no amargarte. Esto no significa en absoluto que tomes todo tal y como viene y no aspires lo mejor, tampoco significa no sentir rabia, pesar o frustración en momentos específicos. Lo importante de la felicidad porque sí es que a pesar de todas esas contrariedades cotidianas, no actúes como sobreviviente.




Te daré un ejemplo bíblico con una aplicación cotidiana. El profeta Habacuc escribe muchos años después que Jonás un desgarrador poema en el que reclama a Dios una serie de injusticias que veía en su pueblo, precisamente hechas por mano del poder Asirio. Al final de su libro hay un tesoro que quiero compartir contigo hoy, porque creo que es la clave de la felicidad porque sí. Mira lo que él dice: “Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco, y no haya vaca en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi Salvación. El Señor Dios es mi fortaleza; él ha hecho mis pies como las de las ciervas, y por las alturas me hace caminar” (el énfasis en cursivas es mío)



¿Te suena familiar esa escasez? ¿Te parece loco que Habacuc decida “gozarse” en el Señor cuando el pueblo de Israel se comía un cable? Fíjate que dice que la clave de su gozo es que el Dios le hace caminar en las alturas. Otra versión dice: “…me hace andar firme sobre mis alturas”. Por encima, dejando la circunstancia debajo. Y sé que estoy enfatizando la idea una y otra vez, pero en estos días tan fuertes que atravesamos, necesitamos remontarnos por encima de lo que vemos y decidir ser felices. Eso no quiere decir que no sigo luchando, intentando, buscando el medicamento, haciendo la cola para comprar pañales, llevando mi hija a la terapia, haciendo magia para estirar la plata y la comida, de vez en cuando peleando para que me dejen pasar con mi hija en su coche, ponerme malandra con un colector que se queda con el vuelto, discutir con un familiar, hiperventilar mientras veo lo que está pasando en el país, etc. Caminar por encima es echarle papelón a la limonada. Es una decisión personal. Yo te motivo a que la tomes hoy. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Churupos Decembrinos




Hoy no sólo hablaré de paternidad especial. La situación actual me obliga a establecer una postura acerca de los días por venir. Cualquiera que sea tu tendencia política, no puedes negarme que estamos atravesando un momento difícil como  país. Pero hay algo que sucederá en los próximos días que puede traernos un papeloncito a tanto limón que experimentamos a diario. Hablo del pago de las utilidades. Todo aquel que trabaja las recibe por estos días, pero estos tiempos requieren de nosotros mayor consciencia, mayor sesudez, pensar más en frío y entender que por mucho apego que tengamos a las tradiciones, necesitamos concentrarnos en lo importante. Eso importante no lo pueden establecer los comerciales de televisión. Debes establecerlo tú. Por eso quiero darte algunos tips para manejarte por estos días.

  1. Agradece lo que tienes. A no ser que seas bachaquero o un muy alto funcionario del gobierno, es bastante seguro que lo que recibas no sea eso que quieres para todo lo que implica celebrar las acostumbradas navidades. Pero debes agradecer a Dios por ese ingreso. Ahorita mucha gente está pasando las de Caín, y no exagero cuando digo “mucha”. ¿Recuerdas cuando te conté cómo el agradecimiento cambia tu perspectiva de las cosas? Dale gracias a Dios por tu dinero, y recuerda que la prosperidad no está sólo en tenerlo. Mira al espejo, y dale gracias a Dios que puedes salir a trabajar. Mira a tu alrededor y agradece el amor de tu familia, la amistad, la compañía de otros. No todos tienen ese don. Agradece por tu hijo especial. Hay algunos que no pueden tener hijos. Hace años mi pastora me enseñó que el único lugar en donde no crece la semilla del desaliento es en un corazón agradecido.                                           
  2. No seas usurero. En estos días, todos venden algo. Aunque todo ha subido de precio considerablemente, yo te aconsejo de todo corazón que no abuses de la necesidad de otros. No te imaginas cómo eso trae maldición a tu vida. Las ganancias deshonestas no sólo provienen de un bien robado, sino del chanchullo, de trampear, de alterar las medidas para ganar más tú y embromar al otro. Te puedo asegurar que sólo estás sembrando para cosechar tú una trampa más grande. En algún momento tragarás la hiel que le causas a otro por tu viveza criolla. No lo hagas. Ni siquiera te justifiques en que todos los demás lo hacen. ¡Y no me hagas hablar del bachaqueo! Puedo decir al respecto un millón de cosas, pero sólo diré una: más que delito, es un pecado.                                                                                                                                        
  3. Usa tu dinero sabiamente. No te diré que no lo gastes. Hoy día el ahorro consciente no es meter el dinero en una cuenta y no tocarlo, porque éste pierde valor con el tiempo. Tampoco te diré en qué o no gastarlo. Pero sí puedo decirte algo: hay cosas más importantes que las cosas. Nadie se ha muerto por no pintar su casa un diciembre. Ningún niño pierde valor o salud por no usar un estreno en una fecha emblemáticamente tradicional para ello. En estos tiempos en los que hay que priorizar las necesidades y prescindir de ciertas cosas, elige lo mejor para ti y tu familia. Y elígelo tú. Comida y medicina no son opcionales. Te recuerdo que los laboratorios cierran operaciones en unos pocos días y toca surtirse de medicamentos esenciales y asegurar dosis hasta febrero. Lo más importante es que estén juntos como familia, que tengan salud, que haya paz.                                                                                                                                                                    
  4. Comparte con otros lo que tienes. Es una trampa diabólica esa nueva actitud de “no tengo para dar”. Y digo nueva, porque nosotros los venezolanos no somos pichirres. Eso no está en nuestra naturaleza. Siempre hay algo para dar: ropa, juguetes, libros. Si están en buenas condiciones y puedes dárselo a alguien que verdaderamente necesita, no dudes en hacerlo. El apóstol Pablo citando a Jesús dice: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Si no tienes recursos materiales como esos que te mencioné, puedes dar tu tiempo, tu compañía, tu colaboración. Siempre habrá bendición para quien da. No te dejes arropar por esa ola de mezquindad. Dar trae bendición a tus finanzas y a tu vida en general.



Podría darte unos tres consejos más, pero lo dejaré hasta aquí por hoy. Por último, te diré que no te dejes llevar por la corriente. No celebres “como sea”, no te endeudes sin necesidad. Nos enfrascamos en decir que la navidad es supuestamente para celebrar el nacimiento del Niño Jesús y por ello es de los niños, y somos los adultos quienes hemos construido estructuras absurdas que nos dilapidan el presupuesto y no producen sino angustia. Como estudiante de la Biblia desde mi niñez te digo algo con toda propiedad: Jesús ni es un niño, ni nació en diciembre. Ninguna de esas cosas que nos hemos inventado con el tiempo son vitales. Recuerda lo importante: la familia, la salud, la paz.

En medio de la locura social en la que estamos inmersos, no dejes nunca de hacer tu guarapo de papelón con limón. Recuerda que estamos juntos en esto.