miércoles, 23 de marzo de 2022

Sí, sí eres el guarda de tu hermano


Tengo muchos días pensando acerca de los escándalos que rodean nuestras iglesias cristianas. Más allá de analizar cada caso, el Espíritu Santo me ha movido a verme a mí y la forma como reacciono ante ello. Despúes de todo, cuando uno ya tiene más de treinta años en esto que llaman evangelicalismo, la tendendcia es insensibilizarse, más cuando se sostiene una batalla constante contra el fariseísmo (no me da pena reconocerlo así).

Debo decir que me enluta ver a mis hermanos caer. El divorcio de Guillermo Maldonado, las acusaciones hacia Ravi Zacharias, y otros escándalos locales, sin mencionar cosas que aún no han causado ruido, me causan pesar. Mientras escribo se empieza a hacer viral la noticia de la renuncia de Brian Houston al pastorado de Hillsong. Sí, al parecer algunos líderes están feos para la foto. Pero lo que más me entristece es nuesta actitud hacia el que cae.

¿Por qué actuamos como turba enardecida hacia nuestro propio hermano? ¿Por qué nos hacemos partícipes de discusiones y conversaciones que solo malponen el Nombre del Señor y Su Evangelio? ¿Cómo somos tan ligeros en decir/escribir cualquier cosa sin conocer a profundidad los hechos? No dejan de venirme a la mente las palabras con las que el Señor Jesús siempre confrontaba a los sabios: "¿Acaso no habéis leído...?". 

Ciertamente hay conductas objetables, y no podemos negar que en ocasiones ha existido una especie de alcahuatería en la que se busca proteger el buen nombre de alguien en eminencia, solo porque lo está. Lo sé, y yo misma llegué a ser víctima de esas protecciones. Pero te voy a decir algo, a riesgo de sonar hereje: No es cierto que la gracia te salvará de dar cuenta de tus acciones. Pablo muy claramente nos enseña que TODOS compareceremos ante el tribunal de Cristo.

Cuando Noé en su ebriedad se quedó desnudo, Cam usó la vulnerabilidad de su padre para divertirse, mientras sus dos hermanos igual le honraron. Nosotros podemos hacer lo mismo: "Ah, ya decía yo que tal pastor se veía tal cosa". Cuidado. Y léeme bien. No estoy hablando de tocar el manto del ungido, no estoy hablando de callar simplemente porque es un líder. Esto aplica a todos: somos el guarda de nuestro hermano.

Los escándalos seguirán ocurriendo, y me atrevería a decir que lamentablemente se escucharán con más frecuencia. Cuando te enfrentes a la noticia, recuerda que tú también la has embarrado, aunque quizá no se haya hecho tan notorio. Recuerda también que la sangre que te lavó de tu pecado está disponible para lavar a tu hermano. Y no se te olvide, que nosotros estamos llamados a restaurar, no a destruir.

Un corazón que alberga una fe genuina siempre actuará con misericordia, porque la misericordia triunfa sobre el juicio. 

domingo, 10 de mayo de 2020

Personajes Fugaces






¿Llegaron a ver Shakespeare Apasionado? Si no la han visto, no pierdan su tiempo. La traigo a colación porque una de las cosas más curiosas de la película es que hizo que Judi Dench ganara un Oscar como mejor actriz de reparto. Su aparición en todo el film suma solo 6 minutos de los agónicos 137 de toda la película. En total apareció en 4 escenas, pero la aparición de su personaje, la reina Isabel I, fue determinante en el desenlace de la historia ficticia de la película. Su intervención fue breve, pero muy influyente.


Pensando en eso, todos estos días he tenido en mente algunas mujeres brevemente mencionadas en las Escrituras que marcaron la historia del pueblo de Dios en diferentes momentos de la historia, y lo hicieron al ser madres.


#1- No está ebria, está desconsolada.

El relato de Samuel empieza contándonos la historia de su familia. Un hombre, dos esposas, una tiene muchos hijos y se jacta de ello, la otra es estéril y los anhela. La estéril es Ana. Para ella su esposo Elcana no es mejor que diez hijos, ella quiere tener hijos porque en el pueblo de Israel tener hijos es ser partícipe no solo de Sus bendiciones, sino también de Sus planes. Así que un día ella decidió hacer las cosas diferentes, y dejó su estoicismo, oró, lloró e hizo una petición específica. No solo eso, su oración estuvo acompañada de un voto, la promesa de consagración de ese hijo.



Una de las cosas que más admiro de Ana es haber dejado a Samuel en Silo. Lo que nos cuenta el cronista de los hijos de Elí nos hace pensar que era el mejor lugar para que un niño creciera. Samuel no solo creció allí, sino que su gestión ministerial fue un parteaguas en la historia de Israel. El último juez, el gran profeta cuya palabra era tenida en estima, era el hijo de Ana. Samuel ungió a Saúl y luego a David. Sin Ana no hay Samuel.  Ana en su canto de agradecimiento proclama una serie de atributos divinos que deja en evidencia que esta mujer conocía a su Dios. Y es la última mención de ella en toda la Biblia.


#2- Después de vieja se puso con esas cosas.

Después de cientos años de espera, ha llegado el momento en el que la el Salvador vendrá al mundo. Pero siempre antes de lo mejor del concierto, vienen los teloneros. El telonero de Jesús fue Juan el Bautista. Ya Isaías había profetizado su venida, y luego Malaquías. Sin embargo, Dios siempre desafía las probabilidades, así que nadie pensaría que ese mensajero  vendría del vientre de Elisabet, una mujer ya muy anciana para tener hijos. Ella es de la línea de Aarón, y su esposo es Zacarías, un sacerdote. Lucas nos cuenta que vivían irreprensiblemente, pero aunque ella no pidió el hijo, ya Dios había planificado que ella fuera la mamá del que allanó el camino del Salvador.



No sé si te has fijado que Juan el Bautista no tenía un mensaje muy popular entre los religiosos de su época. Sin embargo, tenía discípulos, muchos de los cuales siguieron a Jesús después. El precursor del Mesías fue comparado con Elías, y el mismo Jesús  le destacó como gran profeta y su testigo. El bautismo de Juan tipificaba un bautismo que vendría después, el del Espíritu Santo. ¿De dónde salió ese niño? Pues, del vientre de su mamá, Elisabet. ¿Cuántos capítulos dedicó Lucas para describírnosla? Unos pocos versos. Juan es el mejor ejemplo de la claridad del propósito de vida, pero olvidamos observar que su mamá estableció el ejemplo al principio cuando reconoció la gracia en su prima, quien era la que traería al Verbo hecho carne.


#3- Dos son mejor que una.

Detrás del joven Timoteo, no solo estaba su padre espiritual Pablo, estaban su mamá y su abuela. La influencia de ellas era tan evidente que el apóstol las menciona en su última carta. Listra, de donde era oriunda la familia de Timoteo, no era un lugar en donde hubiese sinagoga, y el hecho que Timoteo no fuese circuncidado al octavo día como lo establecía la ley mosaica, nos indica también que a Eunice no se le hizo fácil criar a su hijo en los valores judíos teniendo un esposo griego. Pero ella, al parecer, tuvo ayuda de Loida, su madre. Dos mujeres ejerciendo influencia espiritual sobre su muchachito.



Timoteo no sería cualquier colaborador de Pablo. Es mencionado en muchas de sus cartas y para el momento en el que el apóstol es martirizado es el pastor en Éfeso, la región más importante del mundo occidental para la época. Imaginemos a una Eunice atemorizada e indispuesta a enseñar a su hijo las sagradas escrituras. ¿Hubiese tenido Timoteo la sensibilidad espiritual para entender el mensaje de la cruz y ser junto con Pablo un misionero de primera clase en la iglesia primitiva? No lo creo. Fueron una madre y una abuela sentaron las bases de la vida espiritual de un niño que más tarde tomaría el testigo del gran Pablo.



Así que, en un mundo que nos ha vendido la idea que protagonismo e importancia son iguales, veamos a estas mujeres, personajes fugaces que dejaron huella eterna. No debemos usar las medidas seculares para sopesar si nuestro trabajo de madres importa. ¿Sabes cuál tiene que ser la medida? Piensa en esto: Dios tiene un plan en el que cada uno de nosotros tiene una participación, eso incluye a tus hijos. Críalos, disfruta lo rutinario y corriente. Y sé una mujer de Dios. Los ejemplos en estudio nos recuerdan que una madre con una carácter cimentado en Dios puede establecer las bases para un hijo que marque huella en el Reino. Seamos el primer Cristo que ellos vean.


Feliz día de las madres.

jueves, 26 de marzo de 2020

Abajo Pandemia




Desempolvo este rinconcito porque tengo algo que decirte. Una vez más estamos ante una difícil situación que se suma a otras ya existentes, y eso no es información para ti. Sin embargo, porque estoy en el negocio de dar ánimo y contar buenas noticias subí un momentico mi santamaría para reflexionar contigo acerca de una historia que ha venido a mi mente estos días una y otra vez. Es que no me voy a calar esto de solo limones sin dulce. Esta vez vamos a hablar de un par de hombres en una ciudad romana, unas décadas después de la Ascensión de Cristo.


El cuento es un poquito largo, pero quiero hacer zoom in en un acontecimiento en particular. Estos dos hombres se metieron en problemas al ayudar a una joven a ser libre de los hombres que la explotaban. Por ello, fueron llevados a un sitio en el que las autoridades los desvistieron y azotaron con varas. ¿Te dije que eran romanos? Pues, no eran unos palitos chinos las varas que usaban, y tampoco tenían consideración en cuanto a qué partes del cuerpo golpeaban. A los hombres les cayeron a palo y para remate los mandaron a meter presos.  No solo eso, sino que el guardia que los recibió fue más servil todavía y decidió meterlos en el calabozo del calabozo, uno bien profundo. ¿Creíste que ya se acabó? Te equivocas. Los encadenaron.





Ahora, trata de imaginar toda la escena. Desnudos, maltratados, golpeados, encadenados. Están en una celda romana. ¿A qué demonios olerá eso? ¿Tú crees que le echaron antiséptico a las cadenas antes de ponerlas? Olvidé mencionarte, pero estos tipos son judíos. ¿Cuál es el pronóstico? Sí, feos pa la foto. Así están. Nadie podría juzgar a estos hombres por ponerse a llorar y reclamarle a su Dios por todo lo horrible que les ha pasado. Sin embargo, estos tipos no son unos tipos normales, porque han sido llenos de algo que los hace, no solo aguantar esa pela, sino que los hace orar y cantar. Sí, me leíste bien. Ellos están cantando a la medianoche. ¿Quién canta estando así? Te presento a Pablo y a su pana Silas. Son compinches de aventuras en lo que llaman el Camino.


Acompáñame que esta parte de la historia no ha terminado, viene lo mejor. Lucas, quien cuenta esta historia, nos dice que en esa hora, o sea, cuando estaban cantando, sobrevino un terremoto que hizo que los cimientos de la cárcel se sacudieran, así que las puertas se abrieron y también las cadenas. Y hasta aquí voy a dejar el cuento porque he llegado al punto que quiero enfatizar. Sé que estás pensando que las canciones de Pablo y Silas no pudieron haber causado un terremoto. Okey, es verdad, no tengo argumentos geológicos para apoyar esa teoría. Pero, ¿qué si fueron sus oraciones y cantos los que hicieron que pusieran su vista en algo más sublime que sus heridas y cadenas?


Así que, quizá te sientas apaleado por las circunstancias: el gas, el agua, la luz, el innombrable paralelo, la suegra, no sé qué te afligía antes que toda esta locura se desatara. Y ahora la cárcel. Una cadena que se puede llamar cuarentena o las consecuencias de ella. La libertad de tu corazón, de tus emociones no viene porque estas situaciones desaparezcan. Es que ya Pablo y Silas estaban libres antes que sus cadenas se abrieran.  Si eres incapaz de poner tu vista en otra cosa que no sea lo que te rodea, estás  encadenado, pero hay Alguien siempre dispuesto a liberarte. El Libertador por excelencia espera tu oración, esa en la que reconoces que a pesar del dolor que no entiendes, quieres ser libre, porque te digo, cuando todo esto pase, vendrá alguna otra situación que puede encadenarte, a no ser que decidas conocerle de verdad.




Esta historia está en el libro de Hechos de los Apóstoles, capítulo 16.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Situación Límite





Si hay algo en lo que me cambió la maternidad es en la forma cómo proceso las situaciones de peligro. No sé, creo que da más temor lo que le pueda pasar a un hijo que lo que le pueda pasar a uno mismo. De hecho, el sentido de preservación va más orientado a cuidar al hijo, de allí la famosa expresión: “Mi hijo me necesita sano”.  Te lo he dicho antes, no quiero que mis hijos tengan ni siquiera lagañas, quiero lo mejor para ellos, quiero protegerlos, quiero que tengan todas sus necesidades cubiertas, quiero evitarles, en la medida de mis posibilidades, cualquier sufrimiento.


Sin embargo, la mala noticia es que estamos en un mundo caído, un mundo alejado de su Creador, y lamentablemente, cosas malas pasan. De no haberle pasado algo malo a mi hija no te estuviera escribiendo. El gran sabio dijo en Eclesiastés: “Tiempo y ocasión acontecen a todos”. O sea, a todo cocinero se le queman los frijoles alguna vez.  Y sí, perdóname porque siempre uso metáforas gastronómicas, pero no lo puedo evitar. Sólo quiero hacerte clara la idea: mientras estemos en este mundo viviremos pesares, la cuestión es cómo reaccionamos a eso.



Pensando en esas situaciones de apremio, me vino a la mente una historia del rey David. El tipo tuvo una vida acontecida, y gracias a Dios, hubo cronistas dispuestos a registrarnos esas vivencias.  En esta que te cuento, David no era rey aún. Era prófugo de la justicia, pues el rey Saúl había ordenado que lo mataran alegando falsas razones. Cuando David huye, de alguna manera espontánea le surge un ejército, y bueno, esta gente también tiene familia. David también se hizo su familia paralela, ya que su esposa era hija de Saúl. Sí, hasta ahora parece telenovela mexicana, ¿verdad?


El hecho es que en una de esas andanzas con su ejército, cuando David regresa a la ciudad en la que vivía, se consigue con que habían prendido la ciudad y se llevaron cautivos a todos los que estaban allí: mujeres y niños. Imagínate a estos hombres llegar y ver que sus familias habían sido secuestradas. Es sin duda una situación límite. ¿Qué se hace en una tamaña crisis? Déjame darte un poco más de información. Los que habían prendido la ciudad no eran un ejército artesanal como el de David, eran un ejército constituido, perteneciente a un reino hostil, y además superlativo en número. Este señor y sus hombres tienen todas las de perder.



Quizá también tú te halles en una situación límite. Tenías el dinero reunido para realizar un pago grande, vienen, aumentan el sueldo, y con eso todos los precios también se disparan. Tienes tres meses sin poder lavar bien tu ropa, porque quizá tengas jabón, pero no tienes agua sino sólo para lo extremadamente necesario. Te faltan 2 semestres para graduarte, pero tus profesores se están yendo del país, o no van a dar clase porque no tienen manera de llegar a tu casa de estudio. Y así, puedo seguir y seguir, situaciones límites que te encierran en el “No sé qué hacer”. Pero como siempre, esta historia no ha terminado, como tampoco la tuya.


El escritor de esta historia nos dice que “David halló fortaleza en Jehová, su Dios”. Puedes leerla con todo detalle en 1 de Samuel 30. Se acercó a Dios, y obtuvo la estrategia para revertir la situación, que más bien se convirtió en algo sumamente favorable. Es que la crisis, amigo que me lees, no es otra cosa que una excelente oportunidad para acercarnos a nuestro Creador, no como el bodeguero que nos suple una necesidad, sino como de quien dependemos, porque , no sé si no te has dado cuenta, pero los seres humanos no somos expertos en vivir vida, pero el Creador quien la diseñó es el experto de la experiencia.



¿A quién vas cuando tienes una crisis? Ciertamente como seres gregarios estamos rodeados de gente, pero antes de recurrir a alguien limitado, ¿no crees que sería mejor ir a Aquel que tiene todas las respuestas? Como te lo he dicho antes, hay un papelón inagotable que brota de la Fuente Suprema. De manera que allí está mi invitación siempre para ti. La vida no tiene que ser siempre un limón ácido.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Perro Ladrón





Hace unos meses atrás mis vecinos recogieron un perro de la calle. Yo lo llamé Coleto, porque eso es lo que parecía. Mi esposo le decía perro ladrón, no porque robara cosas, sino porque ladraba, MU-CHO. Como era de la calle al perro no le gustaba la soledad, razón por la cual el pobre perro empezaba a ladrar cuando se iban. Léeme bien: ladraba siempre que estuviera solo. No te imaginas lo molesto que el asunto era, no sólo para mí, sino para todos mis otros vecinos. Se escuchaba en todas partes. El ladrido empezaba a las 6 de la mañana, y paraba a eso de las 5 de la tarde. Sin embargo, al pasar los días y semanas de alguna forma comencé a dejar de darle tanta importancia. Eso es lo que se llama: hacer fondo.


Todos conocemos el concepto de fondo y forma. El cerebro integra los sentidos y percibe el mundo. Cuando prestamos más atención a una sensación estamos haciendo forma, y cuando la “ignoramos” hacemos fondo. La verdad es que no la ignoramos, nuestro cerebro no ha dejado de percibirla, pero no está en el primer plano. Creo que ese es el tema con las aflicciones irresolutas. Siguiendo con el ejemplo de Coleto, el perro que ladraba mucho, llegó un momento que su ladrido no estaba en primer plano para mí. Por eso es que su ladrido no me volvió loca como sí lo hizo a otros.



Cuando recibí el golpe del diagnóstico de mi hija Ella no podía hacer fondo del asunto. ¿Cómo dejar de lado la idea de que el futuro de mi hija estaba hipotecado por una lesión cerebral? Es que cuando tienes una piedra en el zapato, ¿cómo carrizo caminas tranquilo? Pues, no pretendo ser yo la dueña de las verdades de la vida, ni poseer toda sabiduría salomónica, pero sí hay algo que pueda asegurarte: toda aflicción puede producir beneficios. Y mientras atravesamos esos valles necesitamos hallar equilibrio, manera de sobrellevar lo difícil y aprender a hacer fondo.


Hoy quiero darte dos prácticas que puedes realizar para hacer fondo con las situaciones difíciles. De ninguna manera estoy simplificando los problemas, pero todos mis escritos están orientados a infundirte una actitud distinta ante la crisis. Quizá la situación no cambie mucho, pero tú sí podrás afrontarla con un ánimo distinto.


Un adinerado hombre de 75 años viaja por un desierto en el Medio Oriente con su esposa y sus bienes. Dejó a su familia persiguiendo una promesa dada por Dios. La promesa es convertirse en una gran nación. Sin embargo, Don Abram no tiene hijos.  Está en su tienda y tiene enormes riquezas, pero nadie a quién legárselas. Allí está el ladrido de la esterilidad de su esposa. Dios le invita a salir de su tienda, a poner de lado por un momento lo que le recuerda su dolor.  Lo primero que te aconsejo para hacer fondo es salir de la tienda, implementar una actividad que te distraiga cada cierto tiempo.




Cuando Ella estaba pequeñita me inscribí en un curso de cocina en mi pueblo. Así que toda la actividad era un cambio de ambiente. Era viajar, distraerme en el camino, estar con otras señoras, aprender y enfocar mi atención a otra cosa que no fuera citas, terapias, medicamentos, convulsiones, pañales sucios, etc. Desde ese tiempo lo implementé como casi obligatorio. Digo casi, porque te confieso, me cuesta a veces. Soy una persona sumamente enfocada a logros, y siempre tengo algo qué hacer.

¿Qué cosas te distraen? Hazlo. Ve una película, anda y dale una vuelta a la plaza, toma una siesta, juega una caimanera, escápate a la playa, o con las amigas a comer helados, así sean chupi-chupi. Necesitas hacerlo, por salud mental, por esparcimiento, porque la recreación es una necesidad que debe ser suplida. Esto no es una licencia para desentenderte de tu situación, es una manera de retomar fuerzas para sobrellevarla. No estamos ignorando al perro, aún escuchamos sus ladridos, sólo que por un momento le estamos dando importancia a otra cosa, y no hay nada de malo en ello.

Abram salió de su tienda, y al salir, Dios le indicó contar las estrellas. Y allí está mi segundo consejo: cambia la perspectiva. Hacer fondo es regular las sensaciones y manejarlas. Si sólo piensas en la reconversión monetaria, en que no consigues azúcar, en que se te acaba el medicamento del niño, pues, obviamente tu energía va a estar consumida. Velo diferente, decide, determínate a ver las cosas con otra óptica. Insisto, esto no lo va a solucionar, pero sí te va a dar la fortaleza para abordar tu dificultad con más equilibrio. Contar las estrellas es ver todo, no sólo una cosa. Cuando ves un cielo estrellado, ves muchas estrellas, no sólo una. Ves las cosas en una proporción mucho más justa y de manera más amplia.



Haz el ejercicio y mira a tu alrededor. Agradece tu vaso de agua, ve que tienes un aparato electrónico que te permite leer esto, tienes ojos que funcionan y un cerebro que procesa esa información. Observa y aprecia. No des las cosas por sentado, y cuenta las estrellas.

A Don Abram le faltaba mucho camino, pero ese momento cambió su vida para siempre. El relato completo está a partir de Génesis 15.  No puedo asegurarte que todo estará bien hoy, pero puedo decirte que asumir la crisis desde otro ángulo te va a traer mucho bienestar, claro que siempre te voy a recomendar Mi Ingrediente Secreto.

Los ladridos de perros pueden estar al fondo y sobrellevarse, los malos ratos de la vida siempre se pueden endulzar. De eso se trata el papelón con limón.



viernes, 31 de agosto de 2018

Realidad Dantesca






Erase una vez un rey en una lejana ciudad antigua que estaba sitiada por otro reino mucho más poderoso. Como habrás visto en alguna película de época, las ciudades antiguas estaban rodeadas de muros. Un sitio para una ciudad era la sentencia de muerte a sus pobladores: un grupo moría de hambre y el resto moría a espada, porque estar sitiado significaba que el que saliera se lo echaban al pico. En medio de esta situación una mujer se acercó al rey pidiendo su intervención en un problema con su vecina. Para este momento ya no había comida en la ciudad. Esta mujer a quien llamaremos Nancy estaba peleando con Yajaira y requería que el rey administrara justicia en el caso. El cuento va así:

-Rey, necesito que me ayudes.
-¿Qué necesitas?
-Verás, ayer hice un acuerdo con Yajaira. Como la cosa está tan apretada, nos comimos a mi hijo con la condición de que hoy nos comiéramos al suyo. Ella ahora está escondiendo su muchacho, y yo exijo que saque al chamo para que nos lo comamos.

Sé que suena como un cuento de Horacio Quiroga, pero esta historia es verídica, escrita en los anales reales del Reino de Israel. Puedes leerlo en la Biblia en el libro de 2 de Reyes, capítulo 6.






La situación del sitio de Samaria era extrema, algo con lo que quizá tú y yo que vivimos en este suelo tricolor nos podemos identificar. Es muy abrumador ver todo lo que rodea, es muy intenso el sentimiento de ver tanto daño y maldad a la vez. Ver cómo el vil egoísmo triunfa una y otra y otra vez causa un agobio enorme. Pero, siempre hay un pero. Sabes que siempre te diré que cada limón debe ser endulzado con papelón. La dantesca realidad que nos abruma puede cambiar, y va a cambiar. En otras ocasiones te he contado que mi hija Ella me ha enseñado a tener siempre esperanza, y aquí quiero darte tres razones por las que debes tener esperanza.

En primer lugar, debes tener esperanza porque trae beneficios a tu salud física y mental. En estos días escuché al neurocirijano Jackson Avery explicar cómo la esperanza cambia nuestra fisiología, y cómo crea un mejor ambiente para las funciones corporales. No es invento, es ciencia sólida. Puedes googlearlo si quieres. Con una actitud correcta tu cuerpo funciona mejor, a pesar de las carencias que puedas atravesar.

Por otra parte, debes tener esperanza porque la esperanza te da energía para continuar. Aunque pueda parecer que la esperanza genera un panorama ficticio, en realidad es una fuerza motivadora para permanecer luchando. Cuando te enfocas en lo que esperas en lugar de lo que te rodea, pues hay un mayor ímpetu para realizar tus actividades, incluso aquellas que parecen las más frustrantes. Si bien no puedes a veces escapar de lo incómodo, hacerlo esperando lo mejor puede cambiar las cosas y hacer el trago amargo más llevadero.




La tercera razón por la que debes tener esperanza te la he dicho otras veces. Nunca sabes cuándo las cosas cambian para mejor. La historia que te comencé a relatar tuvo un giro inesperado y con un chasquido de Dedos Divinos la dantesca realidad se convirtió en una experiencia gloriosa. No te voy a contar el final para que tú mismo lo busques, pero esta historia es de película. Y ese episodio está registrado, entre muchas otras cosas, para que entendamos que existe un Plan más allá de nuestras individualidades y que todo obra para bien.

Así que hoy tengo que decirte que necesitas levantar la cabeza, armarte una vez más de valor y continuar. No sé cuándo acabará esta pesadilla, no sé cuánto más tendremos que soportar, pero mientras eso sucede, necesitamos poner los ojos en el puerto, no en la tempestad. Es una decisión que requiere fortaleza de espíritu, y determinación a ir contra la corriente. Papelón con ese limón, compadre, y bórralo.

Claro, recuerda que esto no se trata de Programación Neurolinguística, lo más importante en esto es que involucres Mi Ingrediente Secreto.

viernes, 30 de marzo de 2018

Promesa Sepulcral




Ya te he comentado que muy poco me importan las festividades. Sin embargo, aquí estamos en la Semana Santa, Semana Mayor, Semana Zángana, Semana de Gastar el Bono o como quieran llamarle. El hecho es que la Pascua sirve para que se traiga a memoria el hermoso sacrificio de Jesús. Pero hoy no quiero hablar de cruces, Gólgotas, ni látigos. Es que esto de Cristo es como las keratinas: necesitas paso 1 y paso 2. La Cruz (una vez te escribí sobre ella) es el paso 1. Importante, vital e imprescindible, la Cruz es Jesús pagando nuestra deuda. El paso 2 es el broche de oro, lo que fija el químico alisante, lo que le garantiza la eficacia de la cruz. Estoy hablando de la tumba vacía.


La resurrección es la médula del cristianismo, y es una de la más significativa diferencia de las otras creencias. Entender la resurrección nos da una perspectiva completamente distinta de la vida, porque comprendemos el carácter pasajero de esta tierra y nos enfocamos en que lo eterno es lo que regirá el destino de la humanidad, bien sea para condenación o para salvación.


Por una parte, la resurrección le da raíces a la fe. Creer que Jesús resucitó es por ende creer que los que hemos creído en Él seremos resucitados. En un mundo en donde no se puede confiar en nada, es espectacular saber que los que creemos en Cristo tenemos una esperanza firme, que aunque sometida a vientos tempestuosos puede, no sólo resistir, sino también infundir confianza en que siempre saldremos victoriosos.



Además, la resurrección es la garantía de que todo tiene solución. Por allí dicen que todo tiene solución menos la muerte. Falso. La muerte tiene solución: Jesús la venció. El escritor de los Hebreos plantea un cuadro digno de una película de acción y dice que Jesús destruyó al que tenía el imperio de la muerte, el diablo. Pablo le dice a los Colosenses que Cristo triunfó sobre las potestades diabólicas en la Cruz. En la visión de Juan, al ver al Hijo del Hombre, éste le dice que estuvo muerto pero ahora tiene las llaves del infierno.



Cuando la gente me ve con cara de “Naguará, probrecita, no sé cómo hace con esa niña”, siempre que tengo la oportunidad les hago saber que  existe en nosotros la plena convicción que la extraordinaria potencia que levantó a Jesús de los muertos está a nuestra disposición. ¿Pero por qué si puede levantar a un muerto, Dios no puede sanar a tu niña de una vez? Pues, no sé, y no me importa. Realmente estoy más interesada en que el plan de Dios para mi vida y a la de los míos se cumpla a plenitud. Y es que precisamente, nos limitamos a ver lo natural, pero en nuestras vidas pueden haber muchas más cosas muertas de las que imaginamos.




A ver, ponte a pensar. Sales a la calle y sólo ves basura, gente sucia y desesperada, injusticia, dolor, hambre, miseria, colas, patria. ¿Qué cosas han muerto en ti? ¿Qué cosas has matado tú con tus palabras y actitudes? Pues, el poder de la resurrección está al alcance de quien se acerque Él, a su Cruz. Y te voy a decir por qué vale la pena, y es porque no te estoy hablando de un tipo que salió a hablar sandeces y promesas locas. Vino, hizo y cumplió. Prometió que saldría del sepulcro y lo hizo, ¿y sabes qué? Algún día volverá. Volverá a juzgar, volverá a recoger su trigo y volverá a reinar.





El cuerpo de mi Ella será resucitado, y será transformado. No habrá allí lesiones cerebrales, ni retardo psicomotor, ni las secuelas de una epilepsia catastrófica. Esto no significa que no crea en que pueda ser restaurada en el plano terrenal. Pero mi esperanza va más allá de eso. Ese, mi pana, es el papelón de mi limón.