viernes, 13 de mayo de 2016

María



Es un hecho que lo somos es el resultado de años de influencias de personas a nuestra alrededor. La influencia más grande de mi vida ha sido la de María. Como no soy idealista, no te diré que es perfecta, y que jamás ha tenido sus malos ratos. María es una persona, no un robot.  Quienes la conocen bien, y no se dejan intimidar por su cara seria o por la ocasional tosquedad de sus palabras, saben que en esa señora hay un corazón de oro. Quienes crecimos con ella sabemos que esa “seriedad” que algunos criminalizan es algo de ella, como un lunar, o un sexto dedo. No todos somos iguales, pues.

María no es como las demás señoras. Nunca la vi angustiada por comprarse los últimos zapatos a la moda, aunque tuviera para hacerlo; tampoco recuerdo que alguna vez haya cedido a ser otra persona para ajustarse a la solicitud de otro, a no ser que la solicitud viniese de Arriba. Te voy a decir lo que sí he visto. Vi a María partirse el lomo por sus tres hijas: trabajar, cachifear y cumplir con su Iglesia con los mismos niveles de excelencia. La vi ir aquí y allá para resolver situaciones propias y de otros, sin carro y con tres chamas a cuestas. No vi que eso la detuviera para cumplir con sus misiones. La vi descansar poco, y esforzarse mucho. Todavía la veo.


También tengo muy fresco el recuerdo de María comprando Biblias para regalar. Ella ama la Biblia. La recuerdo horas y horas leyéndola. En nuestras conversaciones frecuentes no deja de surgir el tema. Ella me enseñó a amarla. Así que como dos comadres que hablan de la novela, ella y yo discutimos pasajes de un Libro Vivo que tenemos años leyendo y no deja de sorprendernos y enseñarnos. María me ha legado grandes herencias: ejemplo y amor por Dios. Los que estamos cerca de ella hemos podido aprovechar eso al máximo. ¡Qué bendición tener a María de mamá!.




Si te digo la verdad, no sabía que el domingo 8 sería día de las madres, hasta el viernes 6. A mí no me importan esas fechas, y a María tampoco. Pero no está de más tomar ventaja de la ocasión para reflexionar sobre el privilegio de la maternidad. Es una responsabilidad también. Quizá ser hija de María me preparó para ser la mamá de Ella. Quizá María ha sido así, para ser la abuela que Ella necesita. Esta señora ha tenido muchísimos limones en su vida, y allí está paradita. Así que mientras algunos se empeñan en hacerla sentir mal por ser ella misma, yo gritaré a los cuatro vientos: ¡Estoy orgullosa de ti!


Te amo, mamá.

viernes, 8 de abril de 2016

Lecciones de Oro

Como te conté la semana pasada, este mes es el cumpleaños de mi hija. He tomado este mes para compartir algunas cosas que surgieron los años anteriores. Hoy publico lo que fue mi primer escrito acerca de Ella. Era la víspera de su segundo cumpleaños. Espero que lo disfrutes.




Sólo puedo hablar de ser mamá de una niña especial, porque hasta ahora no tengo referencia de otro tipo de maternidad, ella es mi única hija. Ella ha sido una aventura. Mi mamá, abuela, tía y pastora han sido las grandes maestras de mi vida, pero hasta ahora, Ella les gana a todas ellas. A más de 700 días de ser su mamá tengo en mi haber lecciones de valor incalculable, y es que más que por su condición, Ella es una niña muy especial, porque es MI niña. Dios necesitaba transformarme. Y de ninguna manera  creo que su condición sea un castigo!!! Todo esto ha sido una excusa perfecta para Él mostrar su Gloria de muchísimas maneras. Aquí enumero algunas lecciones que ella me da:                                   
  • Ella me enseña a ser feliz. Ella no dice mucho y tiene limitaciones físicas y mentales, pero hay algo que siempre hace: sonríe. Ella se siente bien así, a pesar de ella misma. No tiene complejos, no se siente menos. No está esperando alcanzar metas o tener cosas para estar satisfecha.                                                                                                                                          
  • Ella me enseña a buscar siempre lo positivo de todo. Podría hacer una lista de cosas que no ha logrado hacer teniendo dos años de edad, pero ella me he enseñado a hacer listas de todas las cosas que ha logrado aprender luego de haber sufrido lesiones en su cerebro y ocho meses de convulsiones agresivas.                                                                                                               
  • Ella me enseña a caminar la milla extra. Año y medio de  terapias ininterrumpidas, exámenes, consultas, trasnochos, y demás, Ella siempre saca fuerzas para hacer lo que debe. La palabra “discapacidad” es sólo un protocolo para diferenciarla (en ocasiones), pero ellas ha podido con harta cosas.                                                                                                                     
  • Ella me enseña a no resignarme. Porque la resignación es sólo una excusa para los que se rinden. Sé hoy que su cerebro es capaz de sorprendernos, porque lo hace a diario. Ella me enseña que la ciencia dice algunas  cosas, pero no son absolutas y definitivas, por lo tanto wikipedia no tiene toda la razón.                                                                                                       
  • Ella me enseña que lo perfecto no necesariamente se ajusta a mis parámetros. Ella es diferente, yo lo sé; por eso, hace las cosas en su propio ritmo. Ella ha roto los moldes de mi estricta cabeza y me ha hecho entender que a veces las cosas no se hacen de la misma forma e igual salen chévere.                                                                                                                          
  • Ella me enseña a vivir un día a la vez. Cuando supe su diagnóstico, sólo podía preocuparme por su futuro, hoy puedo confiar en Dios. No sé cómo resultará todo esto, pero hasta ahora lo he comprobado: si Él está con nosotros, todo va a salir muy bien.                                                   
  • Ella me enseña que lo que vemos es temporal. Algún día, los que hemos creído en Cristo y le seguimos, seremos resucitados a un cuerpo incorruptible y ninguna de estos síndromes y enfermedades estarán. Seremos como aquellos que fueron plantados en el jardín.                                                                                                                                                                                                                         

Y, como diría el escritor de Hebreos, “qué más puedo decir”. Ella me enseña a amar lo pequeño, lo sencillo, lo que a nadie le interesa. Ella ha hecho sacar lo mejor y lo peor de mí. Ella encarna la ternura divina. Ella es mi ángel de mazapán.

viernes, 1 de abril de 2016

No me lo Dijeron

Este es el mes en el que cumple años mi nena. Lo tomaré para compartir algunas cosas que surgieron por estos días los años anteriores. Este escrito lo compartí el año pasado en mi muro de Facebook. Lo he reeditado para publicarlo nuevamente, esta vez por aquí. Espero que les guste.


En el verano de 2004 (cabe destacar que me refiero al período académico, no a la estación climática) tuve la dicha de ver Currículo con la profesora Frida Richter. Me encantó la experiencia. Aprendí más de filosofía, psicología y gerencia en esas 10 semanas que en los 3 semestres que ya había estudiado con materias de esas áreas. Una de las enseñanzas más valiosas que obtuve fue un principio de vida. Ella nos dijo que nunca sería excusa “no me lo dijeron”; insistía en que debía haber en nosotros la curiosidad para conseguir la información cuando había un genuino interés.


Sin embargo, me pasó. Mucho de lo que padece hoy Ella es producto de lo que los doctores no me dijeron. Ellos no me dijeron que Edén tuvo sufrimiento fetal al nacer, que era una niña de alto riesgo por tener bajo peso, que la succión deprimida era reflejo de algún daño cerebral, y que por esa y otras razones, ella debía ser vista por varios especialistas. Eso me tocó aprenderlo ante las circunstancias que me abrumaron y desde luego, me incentivaron a interesarme.


Después de visitar especialistas y pasar por las traumáticas consultas con diagnósticos desagradables, éstos no me dijeron que entraría a una escuela de cocteles de paciencia con sorpresas. No me dijeron que los niños especiales no son diferentes por sus limitaciones, sino por la increíble capacidad interna que tienen para luchar contra ellas. Tampoco me dijeron que tener un hijo especial es una prueba de fuego para un matrimonio: o lo cohesiona más, o lo quema. En nuestro caso, ha pasado lo primero, gracias a Dios; aunque no niego que ha pegado calor de vez en cuando.


Nunca fui informada sobre las transformaciones que sufrirían mis perspectivas de las cosas. Además, no tuvieron la decencia de comentarme que cuando hay una Ella en medio de la familia, todos ponen de lado sus diferencias e intereses personales para interesarse en su bienestar. Se les olvidó contarme que todos los logros son motivos para festejar, y estos no se jerarquizan: la ingesta completa de la comida, la realización correcta de un ejercicio, una palabra nueva, la respuesta ante un comando, la superación de una aversión, la desaparición de la epilepsia, la disminución del calibre de los cristales de los lentes, o incluso un pañal sucio después de varios días de estreñimiento.


Nadie me dijo que en este difícil camino es posible ser feliz, porque los que creemos en Cristo sabemos que las aflicciones terrenales no son comparables con la Gloria que Él ha de manifestar. Adicionalmente a eso, no me dijeron que los padres de los niños especiales no vemos a nuestros hijos con una escala de lo que hacen o no hacen, los vemos y amamos por lo que son: nuestros hijos; y allí tanto “nuestros” como “hijos” tienen un peso individual y en conjunto.


No me dijeron que sería capaz de albergar en mi corazón un profundo amor que día a día se expande. No me dijeron que vería en mi hija la esencia del amor del Padre: un Amor “porque sí”. No me dijeron que aún en medio de días grises, mi Ella iba a iluminarme con su usual sonrisa. No me dijeron que podía sentirme orgullosa de una hija con discapacidad, porque lastimosamente en esta sociedad, se nos enseña que eso es un motivo para sentir vergüenza. Tampoco me dijeron que cuatro años después de su nacimiento celebraría agradecida por cada meta alcanzada, por pequeña que parezca; y que contrario a lo que muchos dicen, agradecer por lo pequeño no es sinónimo de conformismo, es ser verdaderamente agradecido. Y el agradecimiento es el mejor antídoto contra el desaliento (eso sí me lo dijeron hace tiempo).


A pesar de que no me dijeron un montón de cosas, las he aprendido y atesorado. Y sigo aprendiendo.
A casi cinco años de tu llegada a nosotros, hija, te quiero decir que te amo. Eres mi regalo, mi emisaria de la paz en medio de toda esta locura, mi jardín deleitoso y perfecto, mi niña tierna. Creo en un Dios Poderoso que puede seguir haciendo su milagro en ti, y creo en la inmensa capacidad que tienes para trabajar por ese milagro.



Te amo, hija. No es un cliché, es genuino cuando te digo que estoy convencida que es un privilegio ser tu mamá. Gracias por enseñarme a hacer papelón con limón.

jueves, 24 de marzo de 2016

Cruz y Papelón



Ya te conté que con excepción de cumpleaños y aniversarios, todas las fechas son exactamente lo mismo para mí. Sin embargo, no quiero desaprovechar la oportunidad de hablarte de algo que “suena” por ahí estos días: la cruz. Para nosotros los occidentales que tenemos gran influencia cristiana tiene un claro significado, pero mi opinión es que la gran mayoría de nosotros no hemos entendido cuál es la cuestión con eso. Y sí, sí tiene que ver con ser padres especiales, así que el norte de este blog es el mismo. Es que la Cruz tiene que ver con todo.


Vamos a echar el cuento corto: Dios pone al hombre en el huerto, le dice: “chamo, puedes comer de todo, menos de esto”. Él come de eso que Dios le prohibió. El hombre desobedeció y quedó separado de Dios. Eso hizo que todos sus descendientes fuesen herederos de una naturaleza perversa, propensa a la maldad. No sólo eso, hizo que fuésemos objeto de condena, porque recibimos muerte (física y espiritual) Pero no todo quedó allí. Dios tenía una solución. Envió a su Hijo hecho hombre para que viviera como nosotros y recibiera el castigo que tú y yo, y todos los hijos de Adán merecíamos.


¿Y qué tiene que ver eso contigo? Pues, todo. Porque la Cruz tiene el secreto de la Vida Eterna. ¿O es que tú crees que estamos aquí nada más para hacer colas? La Cruz es el puente entre Dios y yo. La Cruz es el mensaje que cambia el mundo. La Cruz concentra en sí el Poder de un Hombre llamado Jesús que la padeció para que nosotros tuviésemos acceso a otro tipo de vida. En la Cruz quedaron clavados la angustia, el dolor, la soledad, la escasez, la vergüenza, la enfermedad, la pobreza, el fracaso, y todas esas cosas feas que vemos que no son más que la consecuencia de nuestro pecado. Eso es la Cruz.


La Cruz es el papelón de mi limón. Allí está anclada mi esperanza. Cuando entendí que mi hija especial también estaba en la mente del Señor Jesús cuando fue a la Cruz por Ella, supe que no había nada de lo que Él no pudiese librarla. Así que mi plena confianza está en el Poder de esas Cruz. Ese poder trasciende el plano físico y me produce paz, seguridad y certeza de que hay algo mejor que lo mis ojos ven. Eso lo hace el poder de la Cruz.



De manera que, así de pana te lo digo. Sin Cruz no hay papelón. El papelón que produce la Cruz es el original. Los demás papelones son copias chimbas que no endulzarán jamás lo suficiente. No nos sirve de nada tener posesiones, muchos amigos, conexiones, dinero, títulos o poder. La Cruz es la llave que nos abre la puerta a la Vida Eterna. Jesús no sólo la padeció, sino que nos invitó a tomar una y seguirle. Eso quiere decir que también nos invita a padecer, porque como dijo el pescador más latino de la Biblia: “ejemplo nos dejó para que sigamos sus pisadas”.


El limón de la vida terrenal y sus vicisitudes sólo halla equilibrio en la Cruz de Jesús.


viernes, 26 de febrero de 2016

Mala Vida






No sé si sólo nos pasa a nosotros. Cada vez que llevamos a Ella a un especialista éste le consigue más disfunciones que virtudes. Yo he aprendido con el tiempo que el asunto no es personal. Los profesionales de la salud están formados para siempre buscarle una quinta pata al gato. No digo que mi hija no tenga disfunciones, pero como el concepto de normalidad es tan relativo, llegué al punto en el que decidí no darme mala vida. El asunto va más o menos así: no hace esto, hace esto mal, esto está  desintegrado, no coordina esto; incluso, hace unos años fuimos con una doctora que trató de angustiarnos porque la niña “espabila muy poco”.

Estoy completamente segura que alguna vez has tenido un episodio de estos. Sales de la consulta con un inventario de defectos hecho por alguien a quien tu hijo no le corre por las venas. Déjame decirte algo: No te des mala vida. No quiere decir esto que si un especialista o varios coinciden en alguna necesidad específica de tu hijo, la ignores por completo. Me refiero a que tú conoces a tu muchacho más que nadie. También me refiero a que debes priorizar cómo abordar los problemas. Primero lo primero. No magnifiques las pequeñeces sólo porque alguien te sembró la semilla de la duda. ¿Estás haciendo lo que te toca? ¿Tu hijo está avanzando? Pues no te des mala vida.

Ante esta situación quiero darte tres consejos para que puedas sobrellevar el asunto de la mejor manera:

  1. Identifica las limitaciones y fortalezas de tu hijo. Con el tiempo he aprendido que hay cosas que mi hija no hace porque simplemente no le da la gana. Ellos son así, voluntariosos. A veces me toca forzarla, en otras ocasiones respeto su deseo. También sé cuáles cosas se le hacen difícil. Eso jamás es punto de rechazo. Yo amo a mi hija tal como ella es. Pacientemente espero que ella alcance sus metas. No me hago la vista gorda con sus limitaciones, pero no por eso ignoro sus muchas capacidades.                                                                                                        
  2. Filtra la información que recibes. No es la primera vez que te digo esto. Hay un pilar en mi vida que se llama criterio propio. Debes siempre usar la razón, el corazón, el instinto y la sabiduría de lo Alto, pero no te comas todo lo que te dan. No te creas todo lo que lees, no te guíes por lo que el doctor del niñito tal le dijo a la señora. Usa tu filtro, mide las cosas, pon en balanza los hechos con la teoría y recuerda que en la vida 2+2 no es necesariamente 4.                 
  3. Asume la realidad con madurez. Me refiero a que no te permitas el drama extremo. Hay cosas que no están bien con tu chamo, bueno, usa los recursos a tu mano para resolverlo, pero de ninguna manera te eches a morir. Tu hijo necesita tu entereza para salir adelante. No mires tampoco a los lados buscando referentes, porque tu hijo es único, como lo somos tú y yo, como los son cada uno de los dedos de una mano.                     



Así que, si te enfrentas a esas incómodas situaciones en las que los comentarios y apreciaciones de expertos y opinólogos  quieren sacarte de tu estado de tranquilidad, recuerda que el equilibrio de esta limonada está en el papelón. No darse mala vida no significa voltear la mirada ante lo que hay que hacer, eso te lo dije en Soñadores Realistas. Cuando las situaciones parecen abrumarte y no puedes hacer nada para transformarlas, recuerda que tu actitud lo es todo. No te des mala vida.

viernes, 19 de febrero de 2016

Pan Duro




Los venezolanos estamos viviendo tiempos difíciles. Eso nadie lo puede negar. Los padres especiales nos las vemos negras tratando de conseguir medicamentos, pañales y comidas para nuestros chamos con regímenes alimenticios. Son momentos rudos. Los que no tienen niños especiales igual enfrentan grandes retos. Por uno o por otro lado, todos nos vemos afectados. No discutiré las causas aquí. Quiero usar estas líneas para impartirte un ánimo distinto al que reina en la calle. Mientras suceden cosas que están fuera de nuestro control, necesitamos calcular en frío cuál será nuestra actitud ante tanto despelote.


No estoy diciéndote conformarte con lo poco. No estoy haciendo apología a una doctrina fracasada, retrógrada y antibíblica. No pretendo con esto decirte que te resignes a vivir así. Quiero brindarte un poquito de aliento en medio de la tormenta. No sé cuál sea tu situación particular, pero sí sé que lo común es el dolor, la desesperanza, el hastío, la rabia, la incertidumbre y las ganas de ver las cosas cambiar para bien. Por eso te quiero motivar hoy a dar las gracias. Agradece lo que tienes; sea poco o mucho, lo tienes. Agradece tu trabajo, muchos han quedado desempleados. Agradece por tu familia, agradece por tu cuerpo, agradece que aunque tienes un mes comiendo arepa todos los días, por lo menos no te has acostado con el estómago vacío.




En estos días en los tener las cosas más básicas es una hazaña, agradece el aire que respiras. Es posible que la situación no cambie del todo sólo por tu actitud, pero podrás atravesar mejor el valle de esta terrible oscuridad. Yo no sé qué pasará, pero sí sé que mi vida está en las manos de Dios, quien guarda de mi y los míos. En este papelón con limón, quiero compartir contigo esta historia, que aunque la escuché con una versión distinta hace unos 15 años, guarda la esencia de lo que quiero transmitirte.


Para leer la historia haz click aquí



viernes, 12 de febrero de 2016

Vivir con la Interrogante





“No preguntes por qué, sino para qué”. Una de las expresiones más evangélicas que he escuchado. Yo misma la llegué a decir en ocasiones. Hasta que me dieron el diagnóstico de Ella. Fueron meses en los que esa interrogante era el aire que respiraba. ¿Por qué mi hija? ¿Por qué nosotros? ¿Por qué no otra condición? ¿Por qué Dios permite todo esto? ¿Por qué? Y aunque no lo exteriorizaba, habían muchos hermanitos que se me acercaban (con toda buena intención, sin duda) y me lo decían: “No preguntes por qué, sino para qué”. Pues, con todo el respeto a quienes dicen eso, les tengo que decir que están equivocados.


Sin profundizar mucho en filosofía, Descartes, por ejemplo, estableció que el razonamiento es parte del ser humano. Pensar y tener inquietudes acerca de la vida y las cosas es lo que nos diferencia de otros seres vivos. Un espíritu inquisitivo es normal, lo que no es normal es que nuestra vida se consuma en responder la pregunta y es allí en donde está el problema. Si tenemos la mente y la atención centradas en conseguirle la explicación al por qué, pues, terminaremos como Georgio Tsoukalos, y tendremos que decir: “La única explicación son los alienígenas”. Para empezar tendremos que preguntarnos, ¿Por qué Adán dejó a Eva hablar con la serpiente y probar del fruto? Porque precisamente en ese momento fue que todo empezó a salir mal para la humanidad.  Por cierto, en caso que no sepas, no hay tal cosa como la manzana prohibida.


Hace unos meses te conté de mi pastora en Ahoritidad. Ella me dijo: “Yo sigo preguntándome por qué, Carolina, pero aprendí a vivir con la interrogante”. ¿Ves? No hay ningún pecado en preguntarse por qué. El libro Eclesiastés está lleno de cuestionamientos; en él,  Salomón expresa su pesar por las contradicciones de la vida. Prácticamente no resuelve ninguno de sus conflictos, sólo concluye que temer a Dios es el todo del hombre. Así que te repito, no hay nada en malo en preguntarse por qué, sólo que no puedes dejar que la vida se te vaya en eso. Y sí, es muy posible que le encuentres respuesta al para qué. No tienes por qué dejar de preguntártelo tampoco.




El punto es que, no todo tiene explicación lógica. ¿Por qué la vida tiene que ser así para  mi hija? ¿Por qué tuvo que morir tan joven ese primo mío? ¿Por qué tiene uno que golpearse ese el dedo meñique del pie? ¿Por qué Meg Ryan dañó su rostro así? ¿Por qué mi hijo prefiere jugar con un perol de margarina cuando tiene 706 juguetes? ¿Por qué inventaron las cremas de peinado cuando ya mi adolescencia había acabado? ¿Por qué tuve que pasar toda mi secundaria viéndome como Cher? ¿Sabes qué? ¡No sé! ¡Y ya no importa! Pero no me siento culpable de preguntarme esas cosas y mil más. 


Volviendo a Salomón, creo que la mejor respuesta a un por qué de esos está aquí: "Me volví y vi debajo del son, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aún de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos". De verdad no creo que el gran rey haya alguna vez dejado de preguntarse cosas, sólo que no dejó que las interrogantes fueran un ancla que le detuvieran la navegación. Así que las interrogantes son parte del limón de esta vida, pero siempre tenemos la opción de ponerle papelón.