viernes, 27 de enero de 2017

Lástima que Lastima



La mayoría de los padres hacemos el mayor esfuerzo por  ahorrarle los malos ratos a nuestros chamos. Desde que tuve a Ella en mis brazos por primera vez supe que sería su defensora número uno. No quería que tuviera si quiera lagañas. Cuando supe su diagnóstico mi mayor pena era no poder garantizar su felicidad en un mundo que no está adaptado para personas con su condición. No obstante, me tocó aprender a dejarla sufrir para su bien, porque si al ahorrarle un dolor temporal le causaba un daño a largo plazo, pues estaba actuando basada en mis emociones, dejando de lado lo correcto.


Hace unos años conocí a una mamá que me dijo que su hija de 5 años que tuvo una parálisis cerebral leve estaba empezando a caminar, pero que lo hubiese hecho antes de no ser porque ella (la mamá) no toleraba los llantos de su hija en la terapia, e interrumpía las sesiones para que no llorara más. Gracias a Dios que caminó, pero me parece que si un padre aplica esa política en la rehabilitación de su hijo con lesión cerebral, asumo que lo hace con todas las áreas de su vida, dejando que el niño elija qué hacer y qué no. Esa lástima lastima. Quiero darte dos razones por la que no debes dejarte mover por ella. Esto aprovecha para un padre especial, a un padre típico y a cualquier persona en la bolita del mundo con hijos, perros o incluso plantas.

La primera razón por la que no debes dejarte mover por la lástima es que no está motivada por el amor, sino por el egoísmo. ¿Cómo así? Pues realmente no podemos sentir el dolor del otro, sino que nos identificamos con el pesar del otro y es nuestro pesar el que nos motiva o desmotiva a actuar o dejar de hacerlo. Recuerdo que el primer oftalmólogo que vio a mi hija tuvo que hacerle un examen en el que le colocaron unos ganchos metálicos en los párpados. Aparte de lo impresionante que fue el asunto, pues sus globos oculares quedaron completamente expuestos, me tocó a mí sostenerla en mis brazos. Ella gritaba, y yo quería llorar. Pues te cuento que mediante ese examen determinamos que tenía cataratas. Sí, hay personas que nacen con cataratas.





Si me hubiese detenido por la incomodidad que le causaba eso, y otras cosas, pues mi niña no estaría dando los pasos que hoy da. Hace un par de días en terapia se sostuvo por sí sola tomada por las pantorrillas. ¿Sabes qué es eso para un niño que tiene un par de meses sentándose? Nos ha tocado respirar profundo cuando llora. Tiene que calarse sus puyazos de vez en cuando, usa lentes y férulas antiequinas, la colocamos tres veces al día en un parapodio. Todo eso y otras cosas más. Otros nenés tienen gastrotomos, dietas y deben hacer cosas que le causan dolor. Te confieso que no disfruto ver a mi hija llorar a veces, pero cuando veo cómo ese dolor de ahora puede producir un resultado agradable al cabo de un tiempo, no lo pienso dos veces.


Además de eso, hay algo que necesitamos tener en cuenta, y no te sorprenderá cuál es la segunda razón para no sentir lástima. Todo ser humano posee una excelente capacidad para manipular, y nuestros hijos especiales no son la excepción. Estoy cansada de ver a Ella ir del llanto a la risa en una bajada de breaker. También la he visto fingir sueño para evitar alguna actividad. En medio de sus limitaciones, esa niña nació con pulmones de cantante de ópera, así que su llanto tipo sirena de ambulancia puede ser interpretado como manifestación de gran dolor. Pero la conocemos. Así que ante sus actos yo le prometo darle una Orquídea (no sé si entregan ese premio aún), y seguimos. No permitiré que mi lástima le robe el futuro a mi hija.






La misma política aplico para mi hijo, aunque en distintas instancias, pues él es un niño típico.  La lástima hacia nuestros hijos es la muestra de una debilidad de carácter. He conocido adultos víctimas de la lástima de sus padres. No es justo ni necesario. Nos toca ser firmes y actuar en amor, pensando en los frutos que las semillas incómodas rinden a largo plazo. Cada persona debe aprender a hacer papelón con limón, y nuestros hijos no deben ser la excepción. Negarle a nuestros hijos las cosas que le hacen bien por lástima les va a lastimar mucho más de lo que crees. 

viernes, 20 de enero de 2017

Curvas Peligrosas



Ya te conté que vivo en el estado Aragua. Aquí tenemos unas playas espectaculares, la más famosa es la de Choroní. Para llegar allá  en tu carro debes ser valiente y/o muy verdugo del volante.  Conozco a gente que jamás ha ido, sólo por no tener el guáramo de enfrentar la travesía. Yo, como cualquier mortal tomo un bus, y bueno, a calarse el vallenato o el reaggeton correspondiente. No mareo y tampoco me da miedo, pero no te voy a decir que me duermo. Voy en el camino pensando en mi destino. Lo mismo ocurre si voy a la Colonia (Tovar). Sin embargo, esos caminos tienen sus riesgos. Lo más común es escuchar los cuentos o ver los altares que recuerdan que algo trágico pasó en cierto punto. En todo el trayecto no dejamos de ver señales que advierten que hay curvas peligrosas.




Me parece que así mismo pasa cada vez que nos proponemos hacer algo. Ahora que inicia el año estamos llenos de resoluciones y dispuestos a alcanzar metas, atravesaremos puntos que pondrán en riesgo el éxito de nuestro viaje, y por ende hipotecarnos la llegada al destino. Así que en este punto quiero que pienses en al menos tres cosas que quieres alcanzar este año. ¿Las tienes? Bien. Presta atención. El asunto no será soplar y hacer botella. Deberás estar atento a las señales del camino: hay curvas. Si pelas, al barranco vas. Si no tomas las previsiones, y te apercibes de los peligros, tus metas podrían no ser alcanzadas. A medida que nombro esas curvas, podrás identificarte, pues probablemente fuiste víctima de ellas en ocasiones anteriores:

  1. Desánimo. Te pondré un ejemplo: empieza enero y llevas tu chamo a la terapia. Pasan 3 meses y él sigue “igual”. Dejas de llevarlo, pues no ves resultados. Te desanimas, pierdes el empuje y sueltas. El desánimo se cura teniendo en mente la meta final. En Selma, la película (por cierto, si nunca has visto esta película tienes que verla), uno de los compañeros de lucha de Martin Luther King le dice algo como esto: “Con los ojos en el premio, Martin”.  No te desanimes tan fácilmente, no “arrugues” a la primera.                                                                                           
  2. Inconstancia. Prima del desánimo, la inconstancia es una enemiga del alcance de metas. Enero es el mes de comenzar dietas, carreras, cursos, relaciones y empleo. Mucha gente cede al desánimo y abandona lo que había comenzado. Luego, toma otra cosa, y el ciclo se repite. Mi hija Ella tiene casi 6 años. Recibe terapia desde los 6 meses, y hace unos 3 meses fue cuando empezó a sentarse sola. ¿Sabes por qué lo está haciendo ahorita? ¡Yo no! Ella ha sabido hacerlo todo este tiempo, pero faltaba un click, una sinapsis. El hecho es que aún con todo lo que esperé, no dejamos de hacerle su terapia, de ejercitarla y de exigirle. Creo que lo hizo porque se dio cuenta que no la dejaríamos en paz.                                                                                           
  3. Temor. El temor es la fe en que las cosas saldrán mal. Pueden salir mal, es verdad. También pueden salir bien. El temor nos paraliza y nos roba el ánimo para esforzarnos. Una fuente de temor hoy día son las redes sociales. Es increíble lo que ves y lees. Sin embargo, necesitas elegir de qué te vas a llenar, qué cosas van a alimentarte. Es muy fácil para nosotros, los padres especiales llenarnos de temor: leemos diagnósticos, investigamos un poquito y de un momento a otro se nos baja el breaker. Cuando tememos, impregnamos nuestras acciones de un hedor de imposibilidad.  Pilas con el temor.                                                                                                   
  4. Prioridades invertidas. Darle importancia a cosas que no la tienen y descuidar aquellas que sí, es un riesgo de alto grado. Esas cosas que te desenfocan y te hacen invertir un esfuerzo que no vale la pena, son peligrosas. Puedes perderte en ellas, y cuando vengas a ver estás en el abismo del despropósito, muy lejos de Choroní. Debes proponerte mantener tus esfuerzos concentrados en alcanzar esas metas que enumeraste cuando te lo pedí, ¿recuerdas? Mantener los ojos en el premio, imaginarte en Puerto Colombia, siendo golpeado por la bravura de ese mar, tiene que darte la fuerza para poner de lado las actividades y personas que te desvían.





Así que te lo digo con experiencia. Más de una vez le he deslizado y perdido el destino. Este año enfrentaremos muchas curvas peligrosas. La clave está en identificarlas en frío y saber que con la actitud correcta y sortearemos esos y otros obstáculos. Los hacedores de papelón con limón estamos claros que no hay forma fácil de obtener el galardón, pero sabemos que sí es posible, sobre todo si agregamos nuestro Ingrediente Secreto.


viernes, 9 de diciembre de 2016

Cambiar el Libro




Crecí en un pueblito al este del Estado Aragua llamado Turmero. Como todo pueblo, su plaza constituye un centro de encuentro, recreación y mecanismo de dilapidación del erario público del alcalde de turno. Hace años viví la traumática experiencia de ver cómo la destruyeron y la convirtieron en lo que es hoy. En el noroeste de esa plaza había un banco de concreto de unos 30 metros de longitud aproximadamente, lo llamábamos “la yuca”. No sé por qué, pero ese era su nombre. La yuca fue testigo e instrumento de muchos de mis juegos en la plaza. Pero uno de estos alcaldes consideró que ya era tiempo de “renovar” y quitaron el banco.


Hace unos días se celebró el aniversario de fundación de mi pueblito. Recordaba mis muchas aventuras: caminar luego de la semana santa sin resbalarte, buscar a la pereza, alimentar a las ardillas y palomas, subir y bajar los escalones del Concejo Municipal, hacer equilibrio sobre la yuca (este banco era ovalado) y muchas cosas más. Por un momento me sentí triste y molesta a la vez. Ya no podría enseñarle  nada de eso a mis hijos. La plaza fue deforestada, el  banco destruido y las elegantes columnas de chaguaramos pintadas de un horrendo color. Cosas que uno espera, y que no sucederán.  Como cuando piensas que vas a la playa y terminas en la montaña.


Cuando supe el diagnóstico de mi hija Ella yo me imaginé lo peor. Sólo pensaba en la cantidad de cosas que no iba a ver, que ella no sería capaz de hacer. En mi recortada visión de las cosas, me enfrasqué en el hecho que las personas con discapacidad no pueden ser felices. ¡Qué equivocada estaba! Yo sólo pensaba en que la yuca ya no estaba, pero es que aunque ninguna plaza será como esa otra vez para mi, habrán otras plazas, otros sitios para jugar y otras cosas que recordar. Por esa razón, a veces más que pasar la página, hay que cambiar el libro; hablo de diseñar otro plan, y adaptarnos a una nueva alternativa.



Esto es aplicable en todos los aspectos de la vida. Mi papá no logró verme recibir mi título universitario, entregarme en el altar o conocer a sus nietos. Todo esto me entristece. Pero, mi mamá ha sido testigo de esto y más. Hay páginas que no debemos leer más. Si bien quedará el dolor de la pérdida: un empleo, una relación, un familiar, una posibilidad que se esfumó, Ella me ha enseñado que la vida especial puede ser más sencilla, más liviana y mejor, a medida que entendemos que esas cosas que no controlamos y que suceden, pueden ser un instrumento para llevarnos a un destino distinto que podría marcar un punto sin retorno para bien.


Es muy posible que si Ella hubiese nacido unas horas antes, no hubiese sufrido ninguna lesión cerebral. Muy seguramente fuese una niña típica, y nos hubiésemos ahorrado muchísimos sufrimientos. Pero en lugar de quedarme leyendo esa página, he decidido cerrar ese libro y leer el que me toca: el de una aventura cotidiana, cargada de sorpresas y retos diarios, impregnada de una motivación al logro y admiración inagotable hacia lo que una niñita con “limitaciones” es capaz de hacer. Allí está el papelón de mi limonada.



viernes, 11 de noviembre de 2016

Sin Subestimar



En esta ocasión quiero compartirles algo que escribió Amy Delgado para The Mighty . Creo que no puedo dejar seguir pasando los días sin que mis colegas de camino lean esto.  Ella nos da tres razones por la que nunca debemos desestimar  a nuestro hijo con necesidades especiales:

Mi hija, Lily, recientemente salió del programa estatal de intervención temprana. Como resultado, ahora está en el preescolar de nuestra escuela primaria local, en la que tembién recibe terapia ocupacional y fisioterapia como parte de su día. El proceso inicial para calificarla para la terapia y establecer el programa de educación inicial fue sobrecogedor y confuso. Sin embargo, una vez que pasamos esa barrera, las cosas fluyeron con bastante suavidad. Hasta ahora.

En general, Lily hizo muy bien su transición a la nueva escuela. Parece estar feliz y está haciendo nuevos amigos. Los maestros son agradables, el currículo es excelente. La comunicación con la maestra principal y la enfermera han sido mejor de lo que esperábamos.

¿Entonces por qué estoy preocupada?

Cuando la fui a buscar en estos días, la maestra de guardia me dijo que ella hace que los niños la pasen muy bien, porque ayudan a limpiar el salón. Ella le da las toallas y los niños limpian las sillas y las mesas. Al principio pensé: ¡Eso está muy bien, le están enseñando responsabilidades a los niños al ayudar con los deberes!

Pero entonces me dijo que no le decía a Lily que limpiara porque eso de agacharse iba a ser muy difícil para ella.

Estaba en shock. ¿Cómo podía creer eso? Lily usa su andadera para correr, saltar y agacharse, puede gatear como el viento, y no tiene problemas para pasar de rodillas a ponerse de pie y al contrario.  ¿Cómo que limpiar una mesa es muy difícil para ella?.

Después de respirar profundo , tomé la oportunidad para amable y pacientemente asegurarle que esas actividades están dentro del rango de las capacidades de Lily. También le solicité en el futuro involucrar a Lily en las actividades que impliquen este tipo de tareas.

Nuestra visión para Lily incluye que ella sea capaz de hacer todo lo que los otros niños hacen. La manera como completa la labor puede verse distinta debido a las adaptaciones, pero la expectativa es más importante.


¿Por qué esto es tan importante para mi?



  1. La  ayuda  a construir su confianza. Los niños construyen su confianza cuando completan exitosamente algo a través del esfuerzo. Cuando alguien ve a niño con aparatos o andadero y asume automáticamente que es incompetente por su discapacidad, le está robando la oportunidad de construir su confianza.                                                                                            
  2. La ayuda a construir independencia. El rol principal de padres y maestros es enseñarle las herramientas que necesita para ser independiente. A veces los adultos piensan que le hacen un favor a un niño con discapacidad al hacerle cosas que ellos pueden hacer por sí mismos. En sus mentes, están siendo cortés. Pero el mensaje oculto para el niño es que necesita del adulto y no puede hacer eso por sí mismo. Creo que un mejor enfoque es enseñarle al niño cómo adaptar actividades de manera que las puedan alcanzar independientemente. Por ejemplo, Lily puede usar la cesta de su andadera para llevar basura de su mesa a la papelera. Si se espera que otros niños desechen su basura, debe esperarse lo mismo para ella.                                                         
  3. Evita alentar un sentido de privilegio. Cuando un niño tiene una discapacidad, puede haber una delgada línea entre proveer el trato adecuado al niño de acuerdo a su discapacidad, y enseñarle al niño que tienen inmunidad de responsabilidades por su condición. Mi meta es evitar lo último, buscando que Lily siempre haga por sí misma todo lo que puede hacer. Honestamente es mucho más fácil  hacerle las cosas, y muchas veces me encuentro a mi misma por esa vía fácil. Sin embargo, cuando le doy la oportunidad, constantemente me sorprende con todo lo que puede hacer.
El artículo original está aquí

viernes, 4 de noviembre de 2016

Fe Extraviada



Una de las cosas más humanas que existe es la necesidad de creer en alguien o algo. Es así. El ateo puede no creer en Dios, pero cree en ciertos preceptos. Los que sí creemos en Dios también tenemos nuestras convicciones. Sin embargo, la tendencia humana es también condicionar nuestra fe a lo que experimentamos en la vida concreta. Nuestra vida concreta, imperfecta, incompleta, insatisfactoria, limitada, rutinaria…¿verdad? Esa sensación de desilusión que nos arropa de vez en cuando, o en algunos casos es la norma de pensamiento, puede ser el ladrón de una fe que nos permitiría asumir la vida con más drive, más empuje, más ganas y más optimismo.


En estos momentos llevo conmigo muchas cargas emocionales. Sí, Jesús me ayuda a llevar esas cargas, pero están allí. Estoy segura que tú también tienes las tuyas: una deuda que se ve impagable, un medicamento que no consigues, una nevera en modo piscina, desempleo, distanciamiento de tu cónyuge, la muerte de un familiar, un amigo chavista inconvertible, y paremos de contar. Todas esas cosas son los potenciales asesinos de la fe. No te hablo de la fe cristiana, como tal, sino la fe en el sentido más genérico. Si tu fe se tambalea, es hora de que la fortalezcas.



Los venezolanos hemos extraviado la fe. La tenemos, por no sabemos dónde la pusimos. Y sí, tienes razón, hay cosas y personas en quienes no vale la pena creer, pero hay otras en las que sí. Mi hija, Ella, por ejemplo, ha avanzado en parte, porque ella sabe que confiamos en ella. Hemos respetado su proceso, hemos sido pacientes, pero siempre hemos creído que ella es capaz de mucho. No es una fe esotérica, es la confianza de que logrará avanzar y superar sus muchas limitaciones. Y es que creo que es más provechoso creer que no creer, y como dice el gran Marcos Vidal, también es mucho más fácil; porque la incredulidad requiere energía y disminuye tus fuerzas.


¡Necesitamos creer! Necesitamos creer que las cosas van a estar mejor, que nuestros hijos especiales (y los típicos también) avanzarán, que esta aflicción es momentánea, que el sol volverá a aparecer. ¿Qué si decides no hacerlo? Pues, bien. Nada. Sigue viviendo tu vida imperfecta, incompleta, insatisfactoria, limitada, rutinaria y no esperes mucho de ella, porque has decidido creer que es y será así.





De modo que esto de la fe requiere una decisión muy personal. Tener fe aumentará tus niveles de energía, te inyectará un ánimo ante la adversidad y te permitirá resistir el embate de la realidad abrumadora. Esa es mi porción de papelón para ti esta semana. Yo, que tengo mi IngredienteSecreto, he decidido poner mi fe en Él. Nadie que pone su mano en el arado, se vuelve, dijo en una oportunidad, eso es una versión neotestamentaria de: “El que se cansa pierde”. No nos cansemos de creer, y no supeditemos nuestra de a las circunstancias. ¡Cree!

viernes, 28 de octubre de 2016

Cachorro Remojado




Tendría más o menos la edad de Ella cuando mi abuelo materno me regaló un perro que tendría unas tres semanas de edad. Recuerdo que fue un día domingo de agosto o septiembre, porque también recuerdo que al día siguiente no tuve clases. Nos lo llevamos a la casa, y al día siguiente en la mañana me llevé el cachorro a la batea para bañarlo. Abrí el chorro e hice de la batea una bañera. Lo habré tenido allí no sé por cuánto tiempo. A los pocos minutos el cachorrito estaba apagado y cabizbajo. No debería tener que decírtelo, pero si no has llegado a la conclusión aún, te informo que el cachorrito se murió (sí, lo maté). No tuve ni tiempo de ponerle nombre.  Si te preguntas por qué me dejaron, te cuento también que para esa época me “cuidaba” mi abuela Herrera, pero la viejita estaba muy enferma y cansada para supervisarme, así que era más autocuidado que cualquier cosa.


Recuerdo con bastante claridad el incidente, porque aparte del trauma que me produjo ser la asesina de mi propia mascota, no se me olvida el tacto con el que mis padres trataron el asunto. No querían que me sintiera mal, no me reprocharon nada, no me castigaron. Por esa situación, no. Después de eso, vendrían muchos perritos remojados: metidas de pata producto de mis propias decisiones. Y de eso quiero hablarte hoy. Tengamos cinco o cuarenta años, las decisiones que tomamos afectan el curso de las cosas que suceden a nuestro alrededor. Si bien yo no tenía la mínima intención de matar al cachorrito, así pasó. Esa madurez para asumir las consecuencias de mis acciones, esa responsabilidad, eso que inglés llamamos accountability, que se traduce como “hacerse cargo de”, esa actitud es necesaria para la vida de un padre especial, y del ser humano más básico.


Me siento fascinada por la fuerza de voluntad de Ella. Puedo tratar de que se coma la papilla más cremosa que te puedes imaginar, y si no quiere, pues no lo hará. Viene la abuela y le da la sopa con los toletes de zanahoria y la zángana se los come sin chistar, sin llorar y con gusto. Esa capacidad de decisión con la que nacemos todos los seres humanos va ligada a otra que paradójicamente pretende desligarnos de esa accountability: escurrirse el bulto. Y en esas en la que sólo le echamos la culpa a los otros, se nos va la vida, sin asumir, sin madurar, sin resolver.



Te he dicho que mi hija tiene una lesión cerebral por un parto dilatado. Sí, fue descuido del obstetra. Pero semanas antes, había tenido algunos encuentros con este obstetra que me pudieron haber hecho considerar buscar otro especialista y consultar. No lo hice, y lo asumo. Esa fue mi decisión. Hay cosas que no podemos controlar, pero hay otras que sí.  Y a ese punto debemos llegar: si la realidad que te aflige es producto de tus decisiones, no debes buscar culpables más allá del espejo en el que te miras. Escogemos a nuestro cónyuge, renunciamos al trabajo, nos mudamos, abandonamos carreras, dejamos de alimentar relaciones, decimos palabras, rechazamos oportunidades, nos apegamos a personas incorrectas, invertimos mal el dinero, y esas cosas tenemos que asumirlas sin echarle la culpa a más nadie.




Hoy te traje otro limón, es verdad. Pero, no voy a cerrar sin dejarte el papelón que endulza esto. La razón principal por la que tomamos decisiones equivocadas, es porque hemos hecho de nosotros mismos el centro de nuestras vidas. El YO gobernando fue  la causa por la que Adán y Eva fueron expulsados del jardín. Toca ahora decidir si le agregas a tu limonada algo de Mi Ingrediente Secreto. Si la embarraste, asúmelo, pero no te quedes en esa: diseña un plan. En mi opinión, ese plan va a ser exitoso sólo si incorporas a tu Creador en tus decisiones. Unos cachorros remojados afectan más que otros, pero de algo estoy segura: fuimos diseñados para ser exitosos, pero para disfrutar del diseño, debemos estar alineados a la Voluntad del Diseñador. 

viernes, 14 de octubre de 2016

La Bajaíta




No sé si esta expresión se utiliza en otras partes de Latinoamérica. En Venezuela la bajaíta (variación de la bajadita) es un punto de debilidad al que llegará un agresor, y en el que estará accesible para que nosotros ejecutemos venganza sobre él. Por ejemplo, tu hijo adolescente no te quiso acompañar a hacer una compra. No importa, después lo agarras en la bajaíta. Muy probablemente en cualquier otro momento, él va a querer, no sé, ir a casa de los panas, o unos reales para comprarse equis cosa.  Y allí: ¡zaz! Te vengas (Muajajajajajajajajajajaja). Pero,  ¿será la venganza algo válido?


En nuestro afán de justicia propia queremos auto gratificarnos castigando a quien consideramos ha fallado. ¡Ojo! No quiere decir esto que no creo en el castigo a los hijos. Hago el paréntesis y te aclaro que esta bloguera es fiel seguidora de las enseñanzas de James Dobson y férrea opositora de los postulados de la nueva “crianza respetuosa” (un día te explicaré a detalle por qué).  Las cosas injustas suceden a diario, y en todas partes. La injusticia es inherente a la condición de pecado del hombre. Así como nos han hecho cosas injustas,  nosotros en alguna ocasión hemos hecho lo injusto también, de manera que otros también nos han querido tener en la bajaíta.



Siempre habrá cosas que consideraremos injustas. Es injusto que el doctor que atendió mi embarazo ande por allí campante y no pague por causar la lesión cerebral de mi hija (y quién sabe de cuántos niños más). Es injusto que le dieran el puesto a otro menos calificado que tú, y para remate le pagan más. No es justo que esa tipa tan fea que te quitara el novio. Es injusto que el policía te decomisara una bolsa de comida, sólo porque así le dio la gana. Pero, debemos tener cuidado de nuestras actitudes ante esto. Porque mientras no logramos controlar lo que otros nos hacen, sí podemos decidir cómo reaccionaremos. Esperar la bajaíta  implica llevar cuenta de las ofensas, rememorar lo maluco y planificar la acción que más dolor inflija. Conclusión: es albergar rencor.


El rencor es tan dañino que ha acabado naciones enteras. Alguien dolido que lame su herida, y tiene su sufrimiento como mascota puede causar grandes daños. Y bueno, quizá tú digas que tu rencor no es tan grande, sólo tienes uno tamaño bonsái. Pero el rencor, grande o pequeño, no puede jamás causarte beneficio. Joyce Meyer dice que tener rencor es como apretar un carbón encendido esperando causarle dolor. Mientras la mano sufre daños, el carbón sigue siendo carbón. No tiene sentido causarnos daño, sin necesidad.  Y aunque nuestra sociedad nos enseña a pagar mal por mal, nuestro Maestro dejó un mandamiento superior: ama a tu enemigo, no te vengues.




Una de las cosas más hermosas que he aprendido de Ella es la capacidad para pasar la página. Ella puede estar sufriendo por algo, pero rápidamente se recupera. Tiene memoria, porque nos lo ha probado, pero no vemos en ella una actitud de retaliación. Su noble corazón es muestra de lo que debemos hacer ante el dolor causado por la injusticia: no permitir que haga nidos. Como siempre te digo, los limones de la vida son necesarios, fortalecen el carácter y nos abren los ojos a una realidad más amplia. Endulza tu limonada con el papelón del perdón. Para entenderlo mejor, debes siempre comprender en qué consiste mi ingrediente secreto.